jueves, 16 de diciembre de 2010

PIDIENDO LICENCIA PARA MENDIGAR. Una España insólita.


John Bagnol Burgess, 1877. Óleo sobre lienzo.

1.- En la comunicación no verbal cuenta a veces más la gestión del espacio que la gestualidad o el tono de la voz. Es por eso que los mendigos se agolpan en la puerta y un portero (nº  11) regula el flujo de personas hacia la sala a fin de crear una “burbuja de poder” cuyo centro lo ocupa la autoridad civil.

2.- El personaje a quien corresponde la decisión de otorgar las licencias para mendigar va totalmente ataviado a la antigua (casaca y peluca) y es hipermétrope (mira al documento, que sostiene apartado, y no al mísero solicitante). Es una clara mise en scène que cumple con la función de solemnizar el mísero acto, puesto que es invierno (hay un brasero), apenas de dispone de una diminuta alfombra y la sala resulta patéticamente diminuta. Este tipo de evaluaciones no verbales son las que se hacen en los negocios a la hora de evaluar a los interlocutores (marca del reloj, estimación de los muebles del despacho, equipamiento informático, aspecto del personal, etcétera).
3.- El cura hace uno de los gestos de evaluación que consiste en sostener la barbilla con el dorso de los dedos de su mano izquierda mientras guarda el devocionario con la derecha. Su posición, de pie, junto a la ventana, nos dice que no cuenta con demasiado poder en el contexto del cuadro, ya que una autoridad eclesiástica nunca se encontraría ahí, prácticamente aplastado por el respaldo del sillón. Es prácticamente una figura de adorno.
4.- El mendigo hace una torpe reverencia. Los demás nos juzgan, aunque no sepan que lo hacen, por nuestra desenvoltura en el manejo de los asuntos más triviales de la vida cotidiana, como el uso de los cubiertos en la mesa, la dirección de nuestras miradas o la apariencia de ser expertos o no, en cada uno de nuestros actos. El gesto exagerado y tal vez inoportuno del mendigo, lo ridiculiza ante la soberbia de su juzgador.
5.- Nótese la compostura del anciano de la capa verde (Burgess también incluyó a este personaje en otros cuadros de mendigos). Alza la cabeza, lo que podría interpretarse como un gesto de descaro… si no fuese ciego. Es evidente que nadie incurriría en este error de interpretación. Cuando vemos por primera vez a otra persona procedemos instantáneamente a una veloz clasificación de su personalidad basándonos en un compleja y densa base de datos alimentada por la experiencia. Lo que menos suele importar es el interior del individuo, prevaleciendo el concepto del tipo “a ver a quién se parece”; de esta forma se le asigna un estatus que lo situará, con relación a cada uno de nosotros, en un estado de inferioridad, igualdad o superioridad a nosotros.
6.- El hombre parece ocultarse tras el ciego. ¿Por qué lo hace si precisamente va a que lo vean y le concedan su licencia? Sabemos que en numerosas entrevistas de trabajo, bien sea por timidez o por otras razones, algunos candidatos “se ocultan” ante los seleccionadores de personal y se muestran incapaces de poner de manifiesto sus virtudes o las razones por las que deberían contratarlos.
7 y 8.- ¿Qué diría usted que está sucediendo entre estos dos personajes? Una de las interpretaciones posibles es que el nº 7 estré mostrando  unas monedas al nº 8, al que está contratando para mendigar (esto sucede hoy en día en prácticamente todas las ciudades españolas).
9.- Un viejo soldado. Su raída gorra se parece mucho a la de los soldados liberales. La fecha del cuadro (1877) nos pone en situación: un año antes había concluido la tercera Guerra Carlista. Muchos soldados se habían convertido en mendigos. El personaje se está quitando la gorra, en imitación del ciego (nº 5) haciendo un gesto de cortesía  en el que, como soldado, no tenía práctica alguna, con lo que su efecto resulta similar al de la lastimosa reverencia del mendigo de la primera fila (nº 4).


Hasta bien entrado el siglo XIX no se consideraba a España como destino recomendable de los Grand Tours, y además se tenía al país como “bárbaro y peligroso”, siendo mucho más seguros otros destinos en África y Medio Oriente. Con el final de la Guerra de Independencia, surge el interés hacia España por parte de las clases dirigentes inglesas y un auténtico ejército de pintores británicos se desplazan hasta la península fascinados ante la aventura de lo español. Uno de esos pintores fue John Bagnol Burgess. Siendo uno de sus cuadros más famosos este cuadro “License for beggar”, que lo es tanto pictórico como de costumbres. No se pierdan la similitud con estas otras dos imágenes, una de 1929 y otra de ayer por la tarde:





La escena que refleja el cuadro de John Bagnold Burguess parece inconcebible hoy en día. Pero no lo es tanto. Millones de personas luchan a diario por conseguir un puesto de trabajo que para muchos no pasará de ser nada más que un sueño en el medio plazo, incluso para los más capacitados. Quién les iba a decir a los liberales españoles del siglo XIX que esto iba a tener lugar. No hay derecho.



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