lunes, 21 de febrero de 2011

Arcadi Espada, Javier Cercas, Martin Gardner y San Pablo, amén.



ANTECEDENTES.- Este post se publica a propósito del debate sobre el tema del “periodismo imaginativo”. Resumen para quienes no están al tanto de la polémica: el escritor Javier Cercas sostiene que no es imprescindible que lo publicado en prensa se ajuste literalmente a la verdad. En respuesta a esta proposición, el periodista Arcadi Espada, en un reto de intelliguentsia, publicó una noticia falsa acerca de Cercas, diciendo que había sido detenido por la Policía en una redada contra una red de prostitución. A partir de ahí se ha sucedido un intenso debate.

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Cada medio de comunicación puede dar la misma cifra facilitada por el INE (IPC, tasa de actividad o cualquier otro dato) pero dependiendo de si el medio es proclive o adverso al Gobierno del momento, la misma cifra, exactamente la misma, será esperanzadora o decepcionante, un logro o un fracaso, un resultado del talento gubernamental o el demoledor resultado de la perfidia del contrario. Un desastre o un brote verde.
El cretense Epiménides (s. VI a.C.) afirmó en su famosa paradoja: “Todos los cretenses mienten”. Es obvio que si miente no puede ser cretense y que si lo es, no miente, y todo lo anterior, simultáneamente y a la inversa, todo lo contrario.
El alcance del argumento falsídico de Epiménides acarreó consecuencias de calado en el cristianismo, pues el ingenuo de San Pablo, en su Epístola a Tito, escribió: “Dijo uno de ellos, su propio profeta: «Los cretenses, siempre embusteros, malas bestias, panzas holgazanas”. El santo, víctima de la ingenuidad, si no de la ignorancia, dio por cierta la añagaza del cretense, y para rematar, la adornó con un par de temerarias lindezas. Lo que parecía ser un juego, un bucle intelectual, un divertimento paradójico terminó por contaminar la verdad contenida en el Nuevo Testamento contaminado por la mismísima mano del de Tarso.

¿Cosas del mundo antiguo? Quiá. El muy respetado divulgador Martin Gardner en su conocida obra La ciencia: lo bueno y lo falso larga la impresionante asnada de afirmar que el autor de El Quijote no fue Cervantes, aportando la supuesta prueba de que el mismo Cervantes así lo afirma en la novela (el infeliz soltó la burrada a propósito de Cide Hamete Benengeli, personaje ficticio, un supuesto historiador musulmán creado por el propio Cervantes. A Gardner le pasó lo mismo que a San Pablo: dio por cierta la paradoja literaria creada por el autor en un alarde de imaginación, descaro y sentido del humor. Gardner se comportó como un Memo de Primera con Mención Especial.

Gardner era periodista además de científico y publicó numerosos y amenos reportajes en Scientific American (“Investigación y Ciencia” en la versión española) pero en el asunto de El Quijote se saltó todos y cada uno de los principios deontológicos del periodismo, en especial éste: Informar de manera veraz.

De modo que menos jueguecitos con la verdad, ¿entendido? Y eso va por ustedes dos.


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