viernes, 11 de febrero de 2011

CURSILERÍA APOLÍNEA


Hace unas semanas colgué aquí un elogio de la cursilería. Sigo sin arrepentirme por ello… y encima reincido.
Se trata del famoso speech que Rocky Balboa le larga a su hijo acerca de “la dureza de la vida”.

He escuchado a muchas personas mofarse de las tramas argumentales de las películas de Stallone, las cuales carecen, según se desprende de tales burlas, del soporte intelectual que al parecer debería sustentar todo proceso creativo. Así por ejemplo, esas personas se mostrarían más satisfechas con Stallone si en la serie Rambo los diálogos hiciesen referencia a la teoría neorrealista de la percepción y el conocimiento de Ralph Barton y en la saga de Rocky se procediese a una profunda reflexión sobre el eliminativismo de Paul Artin Boghossian (lo menciono por citar a dos paisanos de Stallone, ambos filósofos, cuyas obras, sin duda alguna, los burladores de Stallone se saben al dedillo).

El encomiable tipo de cursilería que evoca la arenga de Stallone, y que he querido bautizar como Cursilería Apolínea (ya que se trata de un discurso macho entre machos, padre e hijo) me parece de lo más trascendente en la medida en que se refiere al hacer diario, a la visión de un mundo difícil en el que si no somos conscientes de su crudeza, si no podemos hacernos a la idea de que la lucha por la vida no terminó con Homero ni la lucha por el conocimiento con Descartes, no seremos más que lastimosos juguetes biológicos a merced de quienes verdaderamente se ocupan de que no les merme el entusiasmo por la vida.

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