jueves, 17 de marzo de 2011

Unos genes magníficos


Hace treinta mil años, dos antepasados de usted, hombre y mujer, lucharon como mejor supieron para conservar los genes que seiscientas generaciones más tarde permitirían que usted pudiese leer estas líneas.
Eran tan vulnerables como usted o yo: sus frágiles uñas, apenas aptas para manipular las cosas pequeñas, eran de todo punto inútiles frente a las garras de los depredadores que los acechaban. Sus, pieles, tan frágiles como la de usted o la mía, se partían con el roce de los espinos, con los perfiles de los canchales, con el más insignficante tallo de una planta seca.
Lucharon contra enfermedades, contra competidores tanto humanos como animales, y de paso también lucharon contra enfermedades y contra la tentación de someterse al pesimismo que propiciaba el mundo atrozmente hostil en el que pugnaban por sobrevivir. Lucharon contra su propia vulnerabilidad.
Y ganaron.
Por eso usted ahora puede leer estas líneas en este preciso momento.
Hemos heredado unos genes magníficos, ¿no  le parece?

No hay comentarios:

Publicar un comentario