domingo, 10 de abril de 2011



Esta mañana, corriendo por El Retiro (Madrid) paso junto a un violinista que interpreta el Ave María de Bach-Gounod en versión líbérrima. Ante él, su sombrero en el suelo, boca arriba. Algunas monedas.
Entonces llega un individuo con un saxofón y se pone a tocar estridente y desafinadamente para así echarlo del lugar y quedarse con el sitio.
Le digo dos palabritas al del saxo y se larga.
Digno de una película de Berlanga. No, mejor de Vittorio de Sica.

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