viernes, 20 de mayo de 2011

JEAN-PAUL SARTRE VA A LA PUERTA DEL SOL


Hola Jean-Paul. Hoy es 20 de mayo.  Hace exactamente cuarenta y tres años que nos habíamos encontrado Daniel Cohn-Bendit, tú y yo, en la sentada de la Renault. Sonreías como un memo: nunca te habías visto rodeado por tantos periodistas, tantas cámaras cubriéndote cons us fogonazos, tantas chicas en mini. Por fin te habías convertido en famoso de verdad.
Los estudiantes habíamos levantado el adoquinado de París para hacer barricadas ante una Policía Armada absolutamente desconcertada. La Revolución estaba en marcha y tú cumpliste con la obligación de decir algo solemne. Improvisaste:

-          Cuando la situación es revolucionaria, también suele suceder que el impulso declina. En este caso, es preciso tratar de ir lo más lejos posible antes de su detención.
Me quedé de una pieza. Tu sabiduría  me traspasó como la lanza del ángel al corazón de Teresa de Ávila. Era uno de los modos más bellos y descomprometidos de no decir absolutamente nada.

A continuación, Cohn-Bendit explicó con toda nitidez que sí, pero que no, aunque ya se vería, según, más o menos:
-          No creo que la Revolución sea posible de un día para otro. Creo que sólo será posible obtener mejoras sucesivas, más o menos importantes, pero estas mejoras no podrán ser impuestas sino por acciones revolucionarias.
Y entonces comprendí de golpe vuestro teatro, vuestra ambición pública, vuestra timorata actitud, vuestra cobardía.

Entérate, Jean-Paul: a las cinco y media dela tarde de hoy, la cotización de una acción del Banco de Santander era de 8,058 €. Según la distribución del accionariado y capital social por tramos facilitado por la entidad en el informe del año pasado, el 63% de los accionistas posee acciones que van desde 1 acción hasta 200 acciones. Esto quiere decir que, dentro del grupo de la mayoría de  los accionistas del banco, el más rico de ellos, que es quien  posea 200 acciones, cuenta con una fortuna de 200 x 8,058 = 1.611, 60 euros. Esa “masa accionarial”, sumándola a la de los miserables que sólo poseen 8 euros de capital, hace un total de 184.703,211 € ¿Vas pillando ahora el rollo del capitalismo, Jean-Paul?

Supongo que tu inteligencia acaba de forzarte a plantearte de dónde ha sacado la pasta esa gente de clase media-baja? Yo te lo diré: la inmensa mayoría, trabajando quince horas al día como taxistas, emprendedores regentes de una pequeña ferretería, jubilados que lo son tras soportar a jefes incompetentes durante prácticamente toda su vida, artesanos, abogados asociados a pequeños bufetes laborales, periodistas, empleados de fontanerías, malabaristas y otros asquerosos explotadores financieros dedicados a la insana labor de la apropiación de la fuerza de trabajo del proletariado para engrosar su repugnante capital.

Pero tú, Jean Paul, en tu visita a la Renault, nunca llegaste a enterarte de lo que sucedía. Ahora estás en la Puerta del Sol a ver si consigues saber de qué va el tema, mientras otros tratan de obtener tajada política proclamando su admiración y sincero interés en un movidón que se ha levantado contra ellos como la llegada de la primavera de Machado: sin saber cómo ha sido.
Te voy a decir lo que va a suceder: el entusiasmo de la Puerta del Sol, tal como tú proclamaste en la Renault en 1968, se diluirá en el día a día de los taxistas, fontaneros, periodistas, diminutos emprendedores, abogados y entusiastas vendedores de peines, con los que reconstruiremos nuestro futuro. Mientras el asunto se esfuma de los medios de comunicación, las gentes, estimuladas por el típico egoísmo que alumbra todo proyecto, seducidos por la esperanza del éxito y validos por su propio esfuerzo e ilusión, conseguirán hacerse un hueco en medio de este barullo, y ya en su madurez, ahorrarán e invertirán en aquellas apuestas accionariales que puedan procurarles la más viable esperanza para la culminación de sus vidas con el mínimo posible de sufrimiento. Casi todos los  que te rodean en la Puerta del Sol en estos instantes, saldrán a flote y lo harán sin dar siquiera un chupito a la Teta del Estado. Créeme, no habrán leído ni media línea de tu sagesse, pero invertirán en un banco, una marca de ropa de éxito o una nueva consola de juegos.

Descansa en paz, Jean-Paul.
 

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