martes, 31 de mayo de 2011

LA MARCA-PAÍS EN EL PAÍS SIN NORTE DEL SUR DE EUROPA


Los responsables de Comunicación (dircoms) de las grandes organizaciones saben perfectamente que los escenarios de gravedad una crisis vienen marcados por:
  • Daños en las personas
  • Daños en las cosas y/o animales
  • Daños en la reputación de la empresa.
En realidad, el daño más crítico siempre es la reputación de la organización, su imagen. La imagen de una organización se construye muy poco a poco (lluvia fina, en la jerga de los expertos) pero queda fulminada en un chasquido de dedos.

Las audiencias se hacen a una idea determinada de una organización en función de la señales de lluvia fina, positivas o negativas que esa organización emite. Si hay más de las primeras, la imagen es buena, y si hay más de las segundas, es mala. De forma similar, el concepto "Marca-País" resume la actividad de lluvia fina positiva que los grandes dircoms internacionales consiguen transmitir para proyectar una imagen positiva del país que los contrata. Si lo hacen bien, la primera idea que recibirá un inversor, un político o un ciudadano normal o corriente será: "ah, un país trabajador y puntual" (marca país Alemania), o bien "o bien "Ah, un país imaginativo y que siempre ha sabido superar las adversidades" (Japón) y así con muchos otros países y conceptos.

No voy a describir aquí todos los disparates (gestión estúpida de la crisis económica, aumento de la participación en las elecciones a resultas de la petición de abstención de los acampados, propuestas de inaudito pensamiento débil por parte de estos últimos, simulacros de democracia interna en el partido en el Gobierno en pleno desastre electoral...) pero, ¿cuál es la primera idea que te vendría a la cabeza, estando en el extranjero, acerca de quién es el culpable de los muertos en Alemania y de los infectados en otros países por el tema de los pepinos?

Lo habéis adivinado: ese país de ahí abajo donde siempre andan dándose tortazos en la cara entre ellos mientras el resto de Occidente les da una patada en el trasero a todos.

Millones de personas han padecido la humillación de que se les atribuyesen infames actos que no habían cometido. Algunos recuperaron el honor (Dreyfus) y otros ni el honor ni la vida (Hypatia de Alejandría) pero nosotros seguimos empeñados en mostrarnos ante el mundo como el Incapaz País Sin Norte del Sur de Europa que Todo lo Hace Mal. Y llevamos así trescientos años.

Bueno, los griegos todavía llevan más, si os sirve de consuelo.

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