martes, 27 de septiembre de 2011

El Eje Galicia - Japón o por qué Obama no se enteró de qué iba la cosa.


Sigo leyendo con entusiasmo a Michitaró Tada en su ensayo sobre gestualidad japonesa. Interrelaciona con tanta sabiduría como humor el origen de las palabras, su trasposición a los gestos y, en fin, la pérdida de las buenas costumbres por culpa de la tele y "lo moderno".

Tanto los saludos como los gestos japoneses tienen rigurosas razones de ser. El conocido gesto de asentimiento japonés (la inclinación de cabeza o aizuchi) proviene del sonido que hacen dos herreros cuando golpean un hierro a la vez. Es un gesto de sintonía, no de sumisión. Por eso Obama se equivocó al hacer su exagerada reverencia ante el emperador Akihito. Se pasó de la raya. Fue algo así como si te presentan a la baronesa Thyssen y le arreas una palmada en el trasero para caerle bien, no sé si me explico.

Lo que hoy he aprendido del encantador maestro Tada es que la cortesía japonesa se parece extraordinariamente a la que ejercemos los gallegos. Tanto a los japoneses como a mis paisanos la incertidumbre nos parece la razón de ser esencial de la vida. No obstante, lo que conseguimos, tanto los gallegos como los japoneses, es que la gente ineducada (es decir, el resto de la población del planeta) nos tome por disimulados y ambiguos, cuando en realidad lo único que sucede es que lo .que pretendemos es no molestar a nadie y que el invitado disfrute su sake con pulpo a feira o su yakitori con queimada.

Me explico brevemente: en Japón, cuando una persona educada se encuentra con un conocido, le pregunta: "A dónde va usted?" Y el otro responde: "Un poco más allá", a lo que hay que replicar: "¡Ah! ¿Eso hace?". De no cumplir con ese ritual podrías quedar como un maleducado sin redención. Este ritual ya no se practica en Tokio, pero en Kioto, las personas de edad lo conservan.

De modo que, por favor, dejen de alimentar los prejuicios del gallego en la escalera, acerca del que no puede saberse si sube o baja. Sencillamente, le está cediendo el paso a usted por pura cortesía.

Terminaré con una admonición de Wellington tras la intervención de los vecinos coruñeses en la evacuación de las tropas británicas tras el desastre de la batalla de Elviña: "¡Españoles! ¡Aprended del valor de los gallegos".

Que tengáis un buen día.

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