domingo, 13 de noviembre de 2011

¿Autónomo? En las crisis el tamaño (pequeño) cuenta. Y mucho.

Cueva de Liang Bua durante las excavaciones

En septiembre de 2003 los investigadores tuvieron que frotarse los ojos para creer lo que acababan de encontrarse en la cueva de  Liang Bua, situada al oeste de la isla de Flores (Indonesia). Se trataba de los restos de varios Homo erectus de un metro de estatura. No se trataba de enanos, sino de miniaturas de hombres normales. Esta especie desapareció hace unos 15.000 años (Investigación y Ciencia. Abril de 2005; páginas 22 a 31).

Lo sorprendente es que también se descubrieron restos de elefantes adultos del tamaño de una vaca y de ratas… gigantes.

¿Qué había sucedido? Los científicos opinan que la escasez de recursos alimentarios de la isla obligó a todos sus habitantes, humanos o no, a redimensionarse a lo largo de milenios para ajustar los procesos de la cadena alimentaria.

Homo floresiensis

En una crisis económica tiene lugar algo parecido, pero los cambios se suceden a velocidad de vértigo. Los trabajadores autónomos llevan ventaja porque pueden readaptar sus negocios a mucha mayor velocidad que las pymes, cuyas estructuras les obligan a entrar en complejas negociaciones de todo tipo (comercial, financiera, o laboral) las cuales terminan por convertirse en ladrones de tiempo y talento que son aprovechados por la muchedumbre de los más menudos emprendedores para encontrar su espacio en un mercado al borde del agotamiento.

Como es lógico, esta situación no dura toda la vida, ya que si los pequeños emprendedores hacen bien su trabajo, llegará un momento en el que tendrán que volver a crecer.

Piensa por un momento en Amancio Ortega cuando era empleado en la tienda de tejidos y mercería La Maja, en La Coruña. Por las noches y también los domingos, cosía sus propias prendas y trenzaba el inevitable futuro de Inditex.

Ah, me olvidaba: mi madre compró en La Maja la tela con la que, ella misma, confeccionó mi primera chaqueta de “chico mayor”.


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