lunes, 14 de noviembre de 2011

La conciencia política es asunto de comunicación y cultura. La política de verdad viene a continuación.



La Ley Orgánica del Régimen Electoral General de 1985, en su artículo 53, regula la denominada “jornada de reflexión” hoy cuestionada por su inutilidad. Sin embargo, esta disposición juega un relevante papel simbólico.
Las críticas al artículo 53 se apoyan sobre dos ejes: por una parte, que en la sociedad de la información es prácticamente imposible evitar los mensajes políticos a través de la mensajería telefónica y las redes sociales. Por la otra, en que la ciudadanía puede cambiar de opinión en un solo día.
La segunda parte del argumento es la más preocupante, puesto que en ella subyace la manifiesta desconfianza que la clase política siente y expresa hacia la inteligencia de los votantes. El recelo de estos últimos hacia los políticos es bastante posterior.
El verdadero trasfondo que subyace bajo el artículo 53 es la pretensión de dotar de tradición a la democracia en España , cuando en términos históricos, ésta todavía constituye un concepto social cuestionado (por incomprendido) por algunos aparatosos movimientos sociales. Las leyes más “absurdas” dan la impresión de ser antiquísimas e inmemoriales, algo que daría más lustre a la democracia española, la cual, en términos históricos, todavía se encuentra en su adolescencia política.
La incardinación de la democracia en la vida social constituye un objetivo de comunicación prioritario. Urge que exista un único y comprometido sentir por parte de toda la ciudadanía de que todo Gobierno será del pueblo, trabajará por el pueblo y su trabajo será útil para el pueblo.
La conciencia política es asunto de comunicación y cultura. Es tras la consolidación de esa conciencia cuando la política real adquiere su propio sentido.
Pero hay que empezar en las escuelas. Ya.

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