martes, 15 de noviembre de 2011

La hija del judío

Una de las librerías más bonitas de Madrid. Por un lado, libros, por el otro, una floristería.
Está en la plaza de Santa Bárbara.

Antiguamente era una caseta de piedra de libros de viejo. Allí compré hace muchos años La hija del judío, una novela de capa y espada del periodista Justo Sierra O'Reilly publicada entre 1848 y 1849, con la Inquisición de por medio y una pareja de jesuítas mitad revolucionarios, mitad James Bond... en el siglo XVII. A todo esto, ambientada en México capital. Era una edición de la mítica editorial mexicana Porrúa.

El argumento mantenía la intriga capítulo tras capítulo (fue el primer folletín publicado en México). Yo acostumbraba a leerla por las noches en cama, cortando las páginas dobladas y siguiendo su espesísima intriga, impaciente por conocer el resultado de toda aquella maraña de acontecimientos.

A medida que iba llegando al final del libro, no podía imaginarme ni por asomo cuál podría ser el final, puesto que en lugar de dar pistas al lector, el asunto se iba liando más y más hasta extremos inimaginables.

Por fin llegué a la última página.

Pero en esa última página tampoco apareció nada que fuese revelador ni conclusivo. ¿Me había estado tomando el pelo el autor a lo largo de bastante más de trescientas páginas?

Cerré el libro y me quedé mirando con atención la cubierta, algo que no había hecho hasta el momento. Entonces fue cuando leí lo que allí ponía:

"LA HIJA DEL JUDÍO
TOMO I"

Cinco años más tarde fui a hacer una serie de reportajes a México. Cuando llegué al distrito federal, con el jetlag a cuestas, lo primero que hice fue ir a la editorial Porrúa en busca del segundo tomo. Me atendió un empleado que vestía un mandilón gris. Era un hombre sumamente educado; su compostura, el vetusto aspecto del negocio y el mostrador de madera gastadísima hicieron que me sintiese como si acabase de atravesar el túnel del tiempo.

- Dígame qué desea, señor -preguntó el dependiente.
- Me gustaría comprar el segundo tomo de La hija del judío.
- Lo siento señor, pero vendemos los dos tomos juntos.

Y ese es el motivo por el que en mi biblioteca tengo un segundo tomo de La hija del Judío que nunca he abierto y que tampoco puedo regalar a nadie que no haya leído el primero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario