martes, 13 de diciembre de 2011

Por qué unos mandan y otros obedecen. Tres razones aplastantes.

UNA: Porque los que mandan siempre dicen menos de lo estrictamente necesario para que se comprenda qué es lo que realmente quieren decir. Pueden seguir teniendo el mando aunque ni siquiera ellos mismos sepan qué es lo que quieren. Si el subordinado no les entiende, atribuirá esa circunstancia a su propia incompetencia, no a la de quien lo domina.

DOS: Porque los que mandan siempre, siempre, siempre, ocultan sus intenciones. Si éstas se pusiesen de manifiesto, los poderosos serían vistos como lo que son, es decir, simples humanos mortales, y por lo tanto vulnerables. Todo monarca decapitado ha sido antes un honrado y transparente comunicador.

TRES: Porque los que mandan revisten todas sus acciones con un halo de misterio, de borrosa sugestión, a fin de que el subordinado siempre sienta al peligro olisqueando su nuca (aunque no exista el menor riesgo en absoluto) ya que no hay mayor terror que el que la propia víctima se imagina.

1 comentario:

  1. Este post denota un conocimiento psicológico del ser humano espeluznantemente ajustado a la realidad. No apto para buenistas.

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