jueves, 30 de junio de 2011

Magia y Comunicación No Verbal

video

Harschel Steinschneider, alias Erik Jan Hanussen


Erik Jan Hanussen fue un astrólogo y ocultista austríaco que se estableció a finales de los años veinte del siglo pasado en Berlín, donde cosechó un gran éxito como adivino e hipnotizador. Llegó a poseer un edificio al que bautizó con el nombre de “Palacio del Ocultismo”.

Fue el profesor de Comunicación No Verbal (CNV) de Adolf Hitler, quien utilizó los conocimientos de Hanussen para hipnotizar a las multitudes. Sin embargo, las clases sirvieron de poco a Hitler en su encuentro con Franco en Hendaya, tal y como se muestra en este video, cuya conclusión es que resulta más fácil manipular a cien millones de personas que a una sola.

viernes, 24 de junio de 2011

¿Por qué España no es un sitio normal?




El Pabellón de Hombres Ilustres, en Madrid, es un monumento que, pese a encontrarse en el mismo centro de la capital, es desconocido para la inmensa mayoría de los madrileños.
En 1835 se consideró la posibilidad de levantar un panteón en honor de los más significados españoles. El 31 de mayo de 1869,  una comisión de expertos nombrada por las Cortes aceptó el reto de buscar los restos de los siguientes personajes:
Luis Vives, Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Juan de Herrera, Velázquez, Jorge Juan, Claudio Coello y Tirso de Molina.
NO ENCONTRARON NI A UNO.
De la más exquisita selección del talento patrio, (un erudito y canciller de Inglaterra, tres escritores, un arquitecto, dos  pintores y un científico) la comisión no pudo encontrar ni un mísero hueso de ninguno de ellos. Sus restos se fueron por el desagüe de la desmemoria histórica.
¿Es tan difícil comprender que la prioridad es la cultura y el amor al propio suelo? ¿Cómo va a poder ponerse en pie un país entregado al reproche, refractario al trabajo en equipo y desdeñoso, cuando no avergonzado, de sí mismo?

domingo, 5 de junio de 2011

Coca-Cola, Marcos de Quinto, Alejandro Ávila y la Cultura de los Datos de Mañana


El 16 de junio de 1999 ochenta personas habían resultado envenenadas en Francia y Bélgica debido la desinfección practicada en unos unos palés de latas de Coca-Cola. Los afectados resultaron envenenados con el desinfectante, no con el refresco, pero de cara a la opinión pública, la marca líder mundial en colas se había convertido repentinamente en un producto peligroso. Aquello sí que era una crisis. Una de las grandes.

Ese día yo me encontraba en la habitual tertulia que manteníamos en Radio Intereconomía en el programa La Atalaya, dirigido por quien después sería mi íntimo amigo Alejandro Ávila. La noticia llegó al ordenador de Alejandro vía Reuters: ¡ochenta personas contaminadas!

Un periodista de raza, como Alejandro, no podía dejar pasar sin más una noticia de alcance como aquella. Llamó a alguien de su equipo, le dio una moneda y le dijo que le llevase al estudio una lata de Coca-Cola de la máquina de refrescos. Cuando se la trajeron, buscó entre la información escrita en el envase y encontró un número de teléfono de atención al cliente. Llamó. Todos escuchamos a través de los auriculares el tono de llamada, mientras conteníamos el aliento. Una vez y otra y otra y otra. Nadie atendía al teléfono. Como se puede comprender, surgieron los comentarios más lógicos: ¿para qué poner un número de teléfono al que nadie atiende la llamada? Esto último se comentó en antena, por alrededor de las 28:45. Un minuto más tarde, el dircom de Coca-Cola, Rafael Fernández-Quirós, estaba llamando al estudio para decirnos que habían habilitado un nuevo número de teléfono específico para informar acerca del incidente. ¡Entre la llegada de la noticia de Reuters, la escucha de nuestro programa y la respuesta del departamento de comunícación de la compañía  no habían transcurrido ni siquiera dos minutos! Alejandro hizo que llamasen al número de teléfono que le acababan de facilitar y en un par de segundos una telefonista, perfectamente entrenada, facilitó toda la información relativa al asunto: los palés, el desinfectante, etcétera, mientras que bajo la voz de ella podíamos escuchar el rumor de muchas otras compañeras que atendían a otras llamadas, tanto de medios de comunícación como de particulares.

Eso sí que son reflejos, ya lo creo que sí.

Me vino a la cabeza, y entonces lo comenté en antena y en directo, que cuando yo me encontraba poniendo en marcha la revista Emprendedores, el primer alto directivo a quien entrevisté fue precisamente Marcos de Quinto, el presidente de la compañía para España y Portugal. Una mis preguntas fue: "Nielsen os da los mismos datos a vosotros que a vuestros competidores, ¿cómo podéis llevar ventaja si todos contáis con la misma información?". Marcos de Quinto contestó: "porque a nosotros nos nos valen los datos de ayer. Ni los de hoy. Queremos los datos de mañana".

¿Trabajamos tú y yo con los datos de mañana? ¿O más bien estamos colgados con el día-a-día de la inmediatez? ¿Tenemos que inventar la pólvora para cada crisis o contamos en nuestra cartuchera profesional con el arsenal de acciones preparadas para ser aplicadas? Y más todavía: ¿seguimos creyendo en la fantasía de que esa crisis, la que sea, nunca nos tocará a nosotros y que más vale mantener los dedos cruzados o nos preparamos para afrontar el excitante envite del cambio?

Hablo de nuestras vidas profesionales, sociales, familiares. Hablo de esa persistente, descarada y excitante crisis llamada vida.