viernes, 13 de enero de 2012

Hoy, viernes 13

 
El 13 de abril de 1737, el compositor Georg Friedrich Händel 
cayó al suelo fulminado por un ictus cerebral.
Era martes. Martes y trece.

La mitad derecha de su cuerpo quedó paralizada. Los médicos determinaron que no había curación posible. Jamás volvería a tocar el piano ni a componer.

Händel luchó contra los daños causados por su enfermedad (esfuerzo considerado absurdo, incluso hoy en día) y recuperó parte del dominio de su cuerpo tras someterse durante meses a una cruel terapia de baños calientes durante nueve horas al día.


Vuelve a componer. Pero nadie acude a las actuaciones de la orquesta. Está quemado por las deudas. Viejo y medio paralítico. El final, para cualquier hombre.

Cuatro años más tarde recibe una carta con versos del poeta Jennens proponiéndole la composición de la música para El Mesías. Händel se irrita, lo toma como una burla, tira la carta al suelo y la pisotea con torpes movimientos. Pero al día siguiente recoge la carta y lee la primera palabra del oratorio: "Consolaos...".

La inspiración le arrebata en ese preciso instante. Escucha los primeros compases de la música que ni siquiera todavía ha sido llevada a la partitura. Se arrastra hasta el piano, y sobre el atril, escribe las primeras notas de El Mesías.

Era el 13 de agosto de 1741. Viernes y trece.

El Mesías se estrena y alcanza un éxito sin precedentes el 13 de abril de 1742, martes y trece.

Cada concierto le reporta quinientas libras de beneficio, que Händel dedica íntegramente a la ayuda para hospitales y para mejorar las vidas de los presos.

El 6 de abril de 1759, Händel exhaló su último suspiro.

Ese día era viernes, Viernes Santo.

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