viernes, 6 de enero de 2012

Las 48 Leyes Inmanentes de la Vida. Leyes 17 a la 25

Esta serie de seis entregas, en cada una de las cuales se listan ocho Leyes Inmanentes de la Vida, se encuentra inspirada en el clásico Arte y oficio del teatro, de  Alan Ayckbourn, y que yo he aplicado al Teatro de la Vida, esto es, a los negocios, al amor, la ciencia, el aprendizaje, el compañerismo y en general, a todo aquello que conlleve la conversión de una idea en una realidad tangible.Hoy tenemos las Leyes Inmanentes de la vida desde el número 17 al 25. Al igual que las anteriores, son incontestables, certeras, absolutas. Utilízalas.

ENLACES A LAS LEYES ANTERIORMENTE PUBLICADAS:

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LAS CUARENTA Y OCHO LEYES INMANENTES DE LA VIDA. LEYES 17 A LA 25

Ley 17
"No subestimes al público". No todos los individuos de nuestra especie son inteligentes, pero suelen ser más inteligentes de lo que parecen serlo. Lo que no soportan es que haya otros que parezcan más listos que ellos. Si quienes parecen ser más listos que ellos parece que se encuentran al mismo nivel o por debajo de su posición económica, social o intelectual, les parecerá una ofensa intolerable y se confabularán para destruir al ofensor. Es puro teatro. Pero si no representas bien tu papel, puede costarte la vida.

Ley 18
"La mejor forma de que crean aquello que cuentas es que sea verdad". Si lo que cuentas es verdad, pero a pesar de ello tampoco te creen, plantéate estas tres preguntas: 1) ¿Qué es lo que he aprendido de valor a lo largo de mi vida? 2) ¿Qué valores personales tengo que los demás no pueden ver? y 3) ¿He venido demostrando que soy una persona en la que se puede confiar?

Ley 19
"Es muy poco probable que la representación de tu primera obra obtenga un éxito desbordante". Y si además es original, profunda y novedosa, lo más probable es que sea un fracaso. Da igual si es en asuntos de negocios, de amor o de intelecto. La gente no tiene criterio propio a la hora de enjuiciar a los demás, sino que toma prestadas las opiniones de los "expertos" para no correr riesgos. Picasso escuchó muchos comentarios estúpidos acerca de sus obras hasta que esas mismas obras cerraron el pico a los resabiados.

Ley 20
"Tienes el don de la profecía. Siempre lo has tenido y siempre lo tendrás". Si crees que serás incapaz de hacer algo, en efecto, no podrás llevarlo a cabo. Si crees que sí lo lograrás, no tengas las menor duda de que así será. No basta con creerlo durante un ratito. El truco consiste en que hay que creerlo durante todo el tiempo. Harina de otro costal es el precio que tendrás que pagar por aquello que deseas. Elige bien.
 
Ley 21
"Ir a la moda no es suficiente". Mark Twain dijo una vez que "la moda es tan mala que hay que cambiarla continuamente", pero la gran Coco Chanel sentenció: "la moda se desvanece. Sólo el estilo permanece" (Twain era inteligente, pero no era un profesional de la moda como Chanel). Ten estilo.

Ley 22
"¿Quién te crees que eres?". "¿Quién te crees que eres?" es una estupenda pregunta: quiere decir que posees el hábito de tomar conciencia de tu ser y de la proyección de tu personalidad sobre los demás. La pregunta que ya no resulta tan positiva es esta otra: "¿Quién te habías creído que eras?" Sobre todo si te la formula otra persona. Procura ser el mejor Tú que seas capaz de ser. A cada minuto, bajo cada circunstancia.

Ley 23
"Unos se acomnodan en el palco de su propiedad, otros en el patio de butacas y otros allá arriba, en el gallinero. Pero todos asisten a la representación de la misma obra". La vida es placer y dolor, respeto y humillación, amor y desamor. El resto no son más que diferencias contables.

Ley 24
"La parte es más poderosa que el todo". Al público no le importará demasiado el no haber comprendido el desenlace del argumento. Incluso es posible que esa ignorancia resulte estimulante por lo misterioso; pero lo que jamás te perdonarán es que no les hayas hecho sentir emociones a lo largo de la obra de tu vida.

Ley 25
"No lo cuentes todo. Deja que el público participe". Ahora la actriz está sola en escena. Dirige sus pasos hacia un lado del escenario. Parece que va a irse, pero se detiene y vuelve la vista atrás. En ese momento todos nos damos cuenta de que va a traicionar a su amante. Sería grotesco que se plantase ante los espectadores y dijese: "Bueno, creo que voy a traicionar a mi amante, ¿saben?". Da la oportunidad a tu público para que todos se sientan importantes.








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