lunes, 9 de enero de 2012

Las 48 Leyes Inmanentes de la Vida. Leyes 34 a la 41

Esta serie de seis entregas, en cada una de las cuales se listan ocho Leyes Inmanentes de la Vida, se encuentra inspirada en el clásico Arte y oficio del teatro, de  Alan Ayckbourn, y que yo he aplicado al Teatro de la Vida, esto es, a los negocios, al amor, la ciencia, el aprendizaje, el compañerismo y en general, a todo aquello que conlleve la conversión de una idea en una realidad tangible.Hoy tenemos las Leyes Inmanentes de la vida desde el número 34 al 41. Al igual que las anteriores, son incontestables, certeras, absolutas. Utilízalas.

ENLACES A LAS LEYES ANTERIORMENTE PUBLICADAS:

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LAS CUARENTA Y OCHO LEYES INMANENTES DE LA VIDA. LEYES 34 A LA 41

Ley 34
"Las virtudes, como los perfumes, pierden su esencia cuando son expuestas" (es una de las reglas del Arte de la prudencia, de Baltasar Gracián, citada por Arthur Schopenhauer en su ensayo El arte de conocerse a sí mismo). Verdad solemne, de a puño. El alarde de belleza, de sabiduría, de fuerza física, resultan agotadores. Es algo que pasa en las universidades, en la cancha de fútbol y posiblemente en los garitos de jugadores de azar. Tus virtudes tienen que ser visibles sin que nadie advierta el menor esfuerzo por tu parte. Quien tenga que esforzarse para que los demás vean que es virtuoso, lo más probable es que no sean los demás quienes estén ciegos, sino el que alardea en vano.

Ley 35
"En la vida, como en el teatro, hay que llamar a las cosas por su nombre". No es lo mismo ser tenaz que tozudo, ni sensible que débil, ni valiente que insensato. Las palabras que reflejan mis actos deben ser obligatoriamente precisas y descriptivas de esos actos y de sus consecuencias. En el momento en que nos descuidemos y dejemos que el prójimo elija su propio vocabulario a la hora de referirse a nosotros, habremos perdido la oportunidad de ser merecederos de admiración, cuando no de sencillo respeto.

Ley 36
"La vida es el único acontecimiento en el Universo que constituye un juego, y a la vez, un asunto espantosamente serio". Si nos lo tomamos todo con macabro rigor, o bien si lo hacemos con terca trivialidad, la mitad de nuestra existencia no será más que humo.

Ley 37
"Yo vivo como quiero un setenta por ciento de mi tiempo, y como puedo, el treinta por ciento restante. Cada uno tiene su proporción al respecto". Que se sepa, ninguna proporción es mejor o peor que otra. Cada cual es la medida de sí mismo.

Ley 38
"Puedes hacer de tu vida una comedia triste o bien un drama alegre". Pero lo verdaderamente importante es si el público se quedará dormido en el estreno de la obra. De ser así, no habrá segunda función.

Ley 39
"El esforzarse extraordinariamente para hacer las cosas bien merece cierto respeto. Pero cuando ese esfuerzo extraordinario es la pauta de la vida de una persona, es es evidente que hay demasiadas cosas que no funcionan".  Cuenta más la perseverancia que el alocado ímpetu de la lucha contra los fantasmas. Quien conculca las leyes treinta y siete y treinta y ocho no está luchando por su vida, sino contra ella.

Ley 40
"Quien desde el escenario dirige su monólogo a una única persona está granjeándose el desprecio del resto del público". Incluso quien habla para sí mismo.

Ley 41
"Las palabras se diluyen en el tiempo, pero todos nos acordamos de aquello que una vez nos hicieron sentir". Esto reza igual tanto en el caso de que lo que hayas dicho les haya hecho sentir algo agradable o desagradable. En ambos casos las sensaciones habrán quedado grabadas a fuego en el corazón del público. Nunca pases por alto la consecuencias de tus propias decisiones.

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