domingo, 1 de enero de 2012

• Manual urgente de Seducción para principantes en tres lecciones. Lección 1

Lección 1.
La Ley de Diana Cazadora.

Diana cazadora, óleo de Gaston Casimir Saint-Pierre. Para los romanos era la protectora de los bosques (Artemisa en su origen griego). Robert Graves en su fascinante obra La Diosa Blanca, le atribuye el poder de seducir a los hombres y después darles muerte (Salvador Dalí desarrolló una teoría parecida que publicó en su libro El mito trágico del Angelus de Millet).

La Ley de Diana Cazadora, en la versión de Jose Hermida, se sustenta sobre tres principios:


Primer principio: No se refiera a la persona objeto de su deseo como “persona amada” u otra cursilería similar. Usted siempre deberá referirse a él o ella como “Víctima”. En otro caso, la víctima será usted.

Segundo principio: El arma principal de la maniobra seductora es la fantasía, es decir, la irrealidad, aquello que no se puede conseguir, sino tan solo imaginar y jamás confesar. Sus palabras deberán mostrar la visión del ansiado mundo prohibido que anhela la víctima. La diosa Diana cazaba con arco y flechas, pero también con trampas y señuelos.

Tercer principio:  Excite la curiosidad de la víctima, pero no la satisfaga. El placer nunca puede llegar a completarse del todo, pues eso conduciría a una lamentable pérdida de interés. Recuerde que el arte supremo de la caza consiste esencialmente en excitar el deseo de la víctima por ser cazada. Dejemos las torpes maniobras de acoso para la gente poco refinada.

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En la siguiente lección del Manual Urgente de Seducción para principantes en tres lecciones se impartirá la lección segunda, también conocida como Ley de la Audacia.

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