miércoles, 28 de marzo de 2012

El dia después de la Catástrofe - II



El futuro no constituye totalmente un acontecimiento fuera de nuestra voluntad.
Nuestras decisiones lo configuran en gran medida.

Obsérvese que ante una situación de éxito, la identificación del curso de los acontecimientos que condujo hacia esa situación exitosa (en mi terminología, anamnesis positiva) tiene la función de anclar la confianza en nuestra personalidad, es decir, la confirmación de que nuestra voluntad nos condujo al punto en el que deseábamos encontrarnos (un lugar mejor) y no dónde el azar impuso por su cuenta, algo que Steve Jobs, en su tan famoso como incontrovertible Discurso de Princeton llama de forma intuitiva "conectar los puntos".

Por otra parte, en una situación de pérdida, fracaso o derrota, el proceso correcto debe ser el contrario (en mi terminología, liderazgo de la catamnesis - véase El día después de la Catástrofe) que consiste esencialmente en el ejercicio de la voluntad para la configuración de un futuro en sintonía con la propia capacidad de cada cual para moldear el futuro.

Puede objetarse que el Liderazgo de la Catamnesis no es más que una versión de lo que hoy, por adscripción a la ciencia física, se conoce como resiliencia;  no obstante es distinto: el liderazgo de la catamnesis supone una decidida expresión de la voluntad del sujeto como actor y creador de futuro, mientras que la resiliencia debe entenderse como virtud innata.

Los seres humanos carecemos afortunadamente de virtudes innatas. Para muestra un botón:  nuestros antepasados se hicieron inmunes a los efectos adversos de la lactosa... ¡después de la domesticación de los rebaños!

En resumen: ante los buenos resultados, anclarlos en la memoria. Ante los malos, reconducirlos con el estado que deseemos aplicar, no con el que las circunstancias supuestamente nos impondrían. Nuestros genes nos lo permiten.


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