domingo, 8 de abril de 2012

La Palabra del Poder


Photo by @Terricolensis

Extracto del capítulo 10 de "Hablar sin Palabras" de Jose Hermida, en el que se explica una técnica de relajación instantánea. Requiere un entrenamiento metódico a lo largo de tres semanas:

Hay numerosas técnicas de relajación que aportan efectos beneficiosos en este sentido, de modo que si conoces o te han hablado de alguna, y quieres sacudirte la ansiedad de encima, no dudes en practicarla. Ahora bien, cuando se produce un conflicto o se entra en un estado de ansiedad, por el motivo que sea, no podemos decir: “esperen un momento. Tengo que hacer algo” y a continuación sentarnos en el suelo con las piernas cruzadas en la postura del loto y ponernos a hacer meditación sobre el universo, el espíritu de Buda o lo que sea. Necesitamos una solución en el mismo instante. Y necesitamos hacerlo de tal forma que los demás no se hayan enterado ni de que lo hacemos ni de que necesitábamos hacerlo. Eso se consigue con la técnica de la Palabra del Poder que se expone a continuación.

LA PALABRA DEL PODER. FUNCIONES.

Existe una relación clara entre lo que pensamos, lo que decimos y la forma en la que lo decimos. La ansiedad, la serenidad y el resto de estados de ánimo que median entre ambas, quedan reflejadas en el tono de la voz, los movimientos de las manos y la posición del cuerpo. La mirada antenta no se pierde estas señales. La mirada atenta e inteligente, además, interpreta estas señales.
Aunque parezca increíble, hay personas muy nerviosas que ni siquiera saben que lo son (esta es una de las ventanas de Johari que vimos en el capítulo 8), pero muchas otras personas que buscamos la identificación de nuestras equivocaciones, las circunstancias que las provocan y los medios que podrían subsanar la repetición de esas conductas no deseadas, no podemos permitirnos el lujo de no hacer nada al respecto.



Cuando tenemos una idea la expresamos con palabras y por regla general, acompañamos esas palabras con gestos. Cuando nuestra mente se encuentra afectada por la ansiedad, las palabras que deberíamos elegir para expresar las ideas invierten el proceso y son ellas, las palabras, las que se eligen a sí mismas. Son esas palabras que después, cuando lo pensamos dos veces, nos preguntamos por qué diablos las tuvimos que decir, o al revés, por qué no las pudimos callar. Lo que ha sucedido es que el proceso de la verbalización ha quedado fuera de control. Las palabras no son nuestras, ¡son las palabras quienes nos poseen!

A partir de ese momento, la cosa va a peor. A continuación las palabras descontroladas provocan resultados que no son los deseados, tanto en el interlocutor como en nosotros. Eso es lo que sucede cuando ves a alguien que tiene que hablar en público y se pone nervioso, ¿te has fijado? Las palabras salen a trompicones, pide perdón, se equivoca y, al darse cuenta de que se está equivocando, todavía se pone más nervioso. El resultado de que las palabras no se correspondan exactamente con lo que queríamos decir y que, en consecuencia, todo eso afecte a la forma en la que las pronunciamos y los gestos con los que las acompañamos, crea un círculo vicioso sumamente perverso, ¡porque a continuación las que se ven afectadas son las ideas! Es de esta forma cómo la gente se va poniendo más y más nerviosa, sobre todo al hablar en público.
Ese círculo vicioso hay que romperlo por alguna parte para que el proceso no continúe. Podemos detenerlo al principio de todo, como hacen algunas personas en situaciones similares, interrumpiendo el discurso y pasando a hablar de otra cosa, pidiendo perdón, o pergeñando una excusa. Los bajones de presión sanguínea que incluso llegan a hacer perder el conocimiento a alumnos en unas oposiciones y a oradores sin experiencia cuando muestran ante un público crítico, son precisamente recursos inconscientes para interrumpir el ciclo en su origen. Lo que pasa es que es una técnica que no causa demasiado buen efecto.
Otra forma de interrumpir el ciclo puede practicarse en el vértice donde se encuentra en el gráfico xxx la emisión de las palabras, que es lo que hacen quienes en lugar de dirigirse con soltura a su auditorio, se limitan a leer lo que han escrit, algo que hoy en día, salvo en muy especiales escenarios académicos, tampoco está demasiado bien visto.
La tercera forma es el actuar sobre el vértice del gráfico que ocupa la gestualidad. En efecto, cuando nos sentimos afectados por la ansiedad, podemos descuidar la manipulación de los objetos como que se nos caigan las cosas de las manos, tropecemos contra un mueble o una persona, nos tiemblen las manos e incluso las rodillas y cosas así. Sin embargo, es cierto que si nos imponemos movernos y manipular los objetos con lentitud, es como si tuviese lugar un milagro: se recupera el control en un alto porcentaje; sin embargo, una lentitud exagerada alarmará al interlocutor o, en su caso, a la audiencia, y tampoco se conseguirá un buen efecto.
Cuando las palabras se desbocan en medio de una avalancha caótica, es poco menos que imposible ponerlas en orden de buenas a primeras. El truco consiste en admitir que no podemos hacerlo y dejar aqeu alguien o algo se encargue del proceso. Ese “alguien” es la Palabra de Poder.
La Palabra de Poder posee una autoridad indiscutible sobre el resto de las palabras, las cuales son sus subordinadas. La Palabra de Poder es un código exclusivamente personal. Yo tengo el mío y te invito a que tú tengas el tuyo con lo que te voy a decir. Este código impera sobre las palabras y la gestualidad inconsciente (la que nos delata porque también está fuera de control). Detiene los procesos negativos en el mismo instante y permite el que una vez neutralizada la emotividad negativa, pongamos las cosas en su sitio y recuperemos el dominio sobre nosotros mismos y, la mayor parte de las veces, sobre la situación.

CREACIÓN DE LA PALABRA DEL PODER.
El proceso lleva cuatro semanas y no puede interrumpirse ningún día la primera semana. Si eso sucede, deberás esperar unos días y mentalizarte de nuevo. Tendrás que practicar cada día y no rendirte.
Importante: no empieces a hacerlo ahora nada más hayas leído las instrucciones. Elige un día para empezar, un día en el que sientas que has adquirido el compromiso de realizar la tarea de la creación de tu Palabra de Poder.
Lleva ropa cómoda (un pijama o un chándal, por ejemplo). Nada de cinturones ni prendas que opriman el cuerpo. Los mejor es estar descalzo. Si la habitación está demasiado fresca, puedes ponerte unos calcetines cómodos echarte una manta o un chal por encima si te apetece. Lo importante es que estés a gusto. No importa si afuera en la calle se escucha el murmullo del tráfico, porque dentro de un instante ni lo notarás.

PRIMERA SEMANA.
·        Debes encontrarte en lo que se denomina la “hora tranquila” (en realidad será bastante menos de media hora, como vas a ver). Para unas personas, como yo mismo, esa es la primera hora de la mañana, cuando amanece; otras personas prefieren hacerlo por la noche, pero lo realmente importante es que durante el rato en el que dura el entrenamiento nadie te moleste. Si tienes hijos pequeños, acostúmbrate a hacerlo antes de que se despierten o una vez se hayan acostado. Recuerda que si se interrumpe el proceso, el éxito del entrenamiento puede verse comprometido.

·        Siéntate en una silla con la espalda recta y deja que las manos descansen en tu regazo. Deja caer tus párpados y respira tranquilamente. Cuenta tus respiraciones. No te pongas a contarlas ahora; ya lo harás cuando conozcas la totalidad del proceso, su metodología y sobre todo, los objetivos que persigue.

·        Cuando hayas contado veinte respiraciones, presta atención a las plantas de tus pies. Observarás que están totalmente relajadas. Disfruta de esa sensación durante unos segundos. ¿No sería maravilloso que todo tu cuerpo se sintiese así?

·        Nota ahora que además de las plantas de tus pies, los dedos también están relajados. Fíjate en cómo percibes un ligero cosquilleo que se extiende desde la parte inferior de los dedos de los pies y las plantas. Es como si una plácida corriente los sostuviese en el aire: las plantas de tus pies apenas rozan tus zapatos.

·        A continuación sentirás cómo esa sensación se extiende hacia arriba por tus pies, como si fuese un agradable envoltorio. Con cada respiración, los pies se van viendo envueltos de confort.

·        Si tú lo deseas, y únicamente si lo deseas, puedes permitir que la sensación suba hasta tus tobillos. Da permiso a la sensación de confort para que ascienda. Fíjate cómo se encuentra en sintonía contigo. Cuanta más sintonía percibas, más ascenderá. Nota como ya está llegando a tus rodillas, como las envuelve plácidamente. Disfruta de eso lo que te apetezca, quince, veinte respiraciones más. Las que quieras. Tú mandas.

·        Ahora tenemos que seguir adelante. Autoriza a la sensación para que ascienda por tus muslos. Reconoce cómo tus piernas se encuentran totalmente relajadas. No te preocupes si hay un murmullo o un ruido en el edificio, en la calle. Eso no importa; lo que importa es que las sensaciones que percibes están teniendo lugar porque TÚ LAS HAS CREADO y porque TÚ LES HAS DADO PERMISO PARA QUE SE EXTIENDAN HACIA ARRIBA.

·        Deja que la cintura, el pecho, las caderas, la espalda se vayan inundando de esa sensación que has creado y que te pertenece porque es tuya. Fíjate bien, porque cuando la sensación llegue a tus hombros te darás cuenta de lo rígidos que están. Dales permiso para que se suelten. Magnífico. Los hombros se relajan, caen y disfrutan de lo que les das: paz, control, armonía.

·        Ahora te resultará de lo más fácil descubrir las tensiones que tienes en el cuello, en las mejillas, la nuca, la frente y en el cuero cabelludo. Pero puedes comprobar cómo en apenas un instante se desvanecen si sigues otorgando tu permiso para que ese beneficio tenga lugar.

·        Quédate así disfrutando de tu sensación de control, de dominio sobre tu propio cuerpo. Toma conciencia del poder que posees.

Y ahora murmura estas tres palabras en voz baja, apenas un susurro:

“CONTROL, CONTROL, CONTROL”

·        Abre lentamente los ojos. El ejercicio del primer día ha terminado.

El resto de los siguientes seis días de la primera semana deberás hacer prácticamente lo mismo, pero cambian dos cosas: el principio y el final. Vamos a verlo a continuación.

SEGUNDA SEMANA.
·        El primer día de la segunda semana comenzarás sentándote en la silla, relajándote, contando las primeras respiraciones y a continuación diciendo en voz baja, casi en un susurro:

“CONTROL, CONTROL, CONTROL”

·        Acto seguido empieza a desarrollar la secuencia que utilizaste en la primera semana, empezando por los pies y extendiendo esa sensación de control hacia arriba.
·        Lo que ahora notarás es que el proceso es mucho más rápido. Mientras en la primera semana, de forma consciente, tenías que ir “permitiendo” que la sensación se extendiese hacia todo tu cuerpo, ahora verás que lo que sucede es que esa sensación se genera casi de forma automática. También comprobarás cómo tu sesión diaria se va haciendo día a día algo más corta de lo que lo fue al principio.
·        Una vez hayas culminado el día 7 de la semana, termina la sesión mientras musitas de nuevo:

“CONTROL, CONTROL, CONTROL”

TERCERA SEMANA.
Muy importante: al iniciar la sesión de la tercera semana ya tienes que plantearte la creación de tu Palabra de Poder. A lo largo de las dos semanas anteriores te habrás entrenado para asociar tu voluntad y concentración a la percepción de un estado de autocontrol; sea cual sea el nivel que hayas alcanzado en cuanto a ese autocontrol, debes seguir adelante (suponiendo, naturalmente, que has practicado los 14 días seguidos con los ejercicios que se han indicado aquí).

Ahora tienes que asociar un concepto a ese autocontrol. Se trata de un concepto que refleje lo que has conseguido en esas dos semanas y lo que quieres lograr desde ahora en adelante. Como es lógico, el concepto consistirá en un valor positivo, no en una idea neutra, negativa o vacía de significado. Consulta la lista con los siguientes valores:

Capacidad de decisión, inteligencia, honestidad, tenacidad, autoestima, confianza, serenidad, capacidad para aprender, capacidad para transformarse, confianza en uno mismo, crecimiento personal, riqueza espiritual, honradez, alegría, cultura, fortaleza física, espiritualidad, dinamismo, capacidad de reflexión, visión de futuro, imaginación, creatividad, amor a la verdad, sinceridad, prudencia, capacidad de concentración, belleza, desenfado, orden, carácter metódico, responsabilidad, seguridad personal, sencillez, sociabilidad, libertad, madurez, juventud, equilibrio, solidaridad, autoestima, integridad, humanidad…

Tal vez te apetezca añadir un valor por tu cuenta a esta lista. Si es así, házlo ahora.

Elige de entre los anteriores el valor que mejor define el camino vital que quieres emprender a partir de este momento y resúmelo en una palabra que únicamente tendrá sentido para ti. Por ejemplo, supongamos que lo que más te apetece es gozar de la capacidad para evolucionar hacia el tipo de persona que te gustaría ser; eso equivaldría a elegir el concepto “capacidad para transformarse”; a continuación conviértelo en una sola palabra, como por ejemplo: “transformación”, “mutación” o simplemente “cambio”. Es importante que pienses en esa palabra como si estuviese escrita en tu mente con mayúsculas: “¡Transformación!”, “¡Mutación!” o “¡Cambio!”. Elige la que más te gusta y quédatela. Esa será tu Palabra de Poder a partir de ese momento.



3 comentarios:

  1. Me parece que es un entrenamiento fácil, al alcance de cualquier persona. Gracias por compartirlo. Un saludo!!

    ResponderEliminar
  2. Me has animado!. Lo voy a hacer y os cuento...

    ResponderEliminar
  3. No olvidar que hay que hacerlo metódicamente...!

    ResponderEliminar