sábado, 2 de junio de 2012

Avidez de Conocimiento. Cena-coloquio Jose Hermida en el Colegio Mayor Pedralbes

Después del coloquio, con el director y los alumnos del C.M. Pedralbes

Lo resumiré: Talento y Avidez de Conocimiento. Mentes rápidas, abiertas. Había valentía, en el amplio sentido de la palabra, cuando me planteaban una pregunta o me requerían una opinión.

Uno sabe cuándo se encuentra hablando con personas inteligentes porque siempre queda reservado un espacio, por diminuto que sea, para el humor. Comento esto porque el coloquio derivó en gran medida hacia el tema de la proyección de la imagen personal en el entorno profesional, lo cual no fue nada extraño: muchos de estos muchachos se encontrarán dentro de un par de meses tratando de acceder al mercado laboral, y el más joven se verá en la misma situación antes de cinco años. 

Por lo tanto, y tal como vengo explicando, el asunto de la visibilidad de los valores personales constituyó el nucleo del encuentro. Uno de los alumnos me preguntó: "Según usted, ¿cuáles son los principales valores de una persona", a lo que yo respondí: "El primero, la capacidad de dar amor; el segundo, la capacidad para recibir amor; y el tercero... ¡Ser rico!".

La carcajada fue tremenda, pero a continuación añadí: "No quisiera frivolizar con este tema y pido a todos excusas por lo que he dicho. Sinceramente, lo que creo es que el principal valor es... ¡¡ser rico!!". 

La verdad es que lo pasamos bien. Hubo otros momentos, más serios, que tuvieron lugar cuando varios de los alumnos, exponiéndolo cada uno de ellos de distinta manera, mostraron su interés en conocer cuál era mi opinión acerca de la mentira en general y en particular, del fingimiento de la posesión de valores que en realidad no se tienen [los lectores se sorprenderían de conocer con cuánta frecuencia los jóvenes inteligentes sienten interés por este tema en concreto]: suelo responder a este asunto con una glosa de la célebre frase atribuida a Abraham Lincoln: "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo", añadiendo, desde el punto de la comunicación no verbal que eso es así porque resulta más fácil controlar las palabras que ese complejo emisor de señales que es todo el cuerpo.

Nietzsche lo e expresó de otra forma algo más densa, pero también más precisa, y más terrible, puesto que se refiere a la credibilidad que merecemos ante los demás incluso cuando decimos la verdad: "Cuando la verdad que hemos de decir va contra nuestro carácter -como ocurre tantas veces- nos comportamos como si mintiésemos mal y provocamos desconfianza". 

No basta con decir la verdad. La verdad que se diga deber ser tenida como verosímil ante los ojos de los interlocutores, puesto que, si esto no sucede, nuestra credibilidad personal puede verse afectada por muy inmaculados que puedan ser nuestros corazones. 

Así son las cosas.





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