martes, 23 de octubre de 2012

Los metamensajes de la seducción


Esta mañana me he cruzado con una señora que llevaba un collar del que pendía un descomunal corazón metálico. El trasto era enorme: dentro él hubiese podido anidar perfectamente un loro de tamaño mediano. ¿No resulta un poco salvaje este asunto? Después de todo, el corazón es una víscera. Sinceramente, creo que la exhibición de la réplica de una víscera viene a ser algo sí como el colgar del espejo retrovisor un par de cabezas humanas disecadas. De todas formas, lo verdaderamente interesante de todo esto es que las joyas en forma de corazón son mensajes sexuales bastante explícitos y que pueden significar algo así como:

 "Me gustaría conocer a alguien cuya visión me excitase lo suficiente como para que mis glandulas suprarrenales vertiesen una dosis extra de adrenalina en mi torrente sanguíneo de tal forma que coadyuvasen a la generación de un aumento del flujo sanguíneo propiciatorio de una gozosa relación íntima, la cual acaso pudiese concluir en una contribución a la reproducción de la especie".

Como el párrafo anterior resulta un poco difícil de memorizar, y además casi nadie conoce la existencia de las glándulas suprarrenales, lo más sencillo consistirá en colgarse la réplica de la víscera, que lo dice todo. Y si lo que se pretende es ir de fiesta y conocer a gente nueva, en lugar del corazón tamaño loro, hay que llevar  una pulsera de la que cuelguen múltiples y diminutos corazoncitos, que también explican las verdaderas intenciones si te tomas la molestia de prestar atención. Las personas verdaderamente seductoras tienen como rutina el fijarse en estos detalles con total desapasionamiento. 

Sin embargo, lo fascinante es ver cómo nuestros cerebros son capaces de transformar el contenido explícito de las palabras y de convertirlo en esa magia a la que convenimos en llamar sentimientos. Por ejemplo, si bien el hígado es el responsable de eliminar de la sangre las sustancias que puedan resultar nocivas para el organismo, a nadie se le ocurriría llamar "higadito mío" a su cónyuge para agradecerle que se haya decidido a pasar la aspiradora por el salón, del mismo modo que si tu pareja aporta serenidad a tu vida, tampoco es cosa de referirse a ella como "mi encantador Sistema Nervioso Central".

En el Diccionario ideológico de la lengua española, del académico Julio Casares, no figura ni una sola expresión de amor o seducción que aluda a las vísceras, salvo la de "estar muerto por los pedazos de alguien", la cual es más bien genérica a la par que necrófila, por lo que no la recomiendo.

En resumidas cuentas: si quieres llegar al cuerpo del otro, invoca al espíritu. Si quieres que el otro no llegue a tu cuerpo, comenta en detalle las funciones orgánicas del organismo. Los seres humanos somos así de contradictorios. 








1 comentario:

  1. es curioso que se perpetuen estas maneras de comunicacion no verbal, si tan poco éxito tienen

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