sábado, 2 de junio de 2012

Dominación, sumisión y "muerte social"

A propósito de la conferencia que impartí el pasado jueves en el Colegio de Médicos de Tortosa, basada en mi anterior libro "Hablar sin palabras", incluí un par de dinámicas que ponían de manifiesto cómo en apenas 8 segundos todo el mundo tiene la capacidad de posicionar su imagen ante los demás con el debido control.

Es significativo que, en el campo de la Medicina, el asunto presenta una especial importancia: el tema es la salud, y más allá de ésta, la vida misma, constituyendo la credibilidad del profesional sanitario un asunto de todo punto crucial.

Al terminar la conferencia, una de las preguntas que planteó el público fue la de si el descontrol sobre la gestualidad puede acarrear la denominada muerte social. La respuesta es que sí, pero hay que advertir que lo que sucede es que resulta más fácil posicionar una imagen personal positiva en una primera interacción personal (si se aplica la correspondiente dosis de tenacidad, de actitud y de osadía) que el reconducir una mala (o inadecuada) primera impresión.

La muerte social no es un acontecimiento súbito. Tiene lugar a través de un proceso reiterativo y de efectos cada vez más  intensos y más contagiosos, que culminan con la "desaparición" del propio sujeto. Por cierto, que es el mismo sujeto quien, a través de un proceso paralelo de indefensión aprendida, contribuye de forma decisiva a la producción del fatal desenlace.



Avidez de Conocimiento. Cena-coloquio Jose Hermida en el Colegio Mayor Pedralbes

Después del coloquio, con el director y los alumnos del C.M. Pedralbes

Lo resumiré: Talento y Avidez de Conocimiento. Mentes rápidas, abiertas. Había valentía, en el amplio sentido de la palabra, cuando me planteaban una pregunta o me requerían una opinión.

Uno sabe cuándo se encuentra hablando con personas inteligentes porque siempre queda reservado un espacio, por diminuto que sea, para el humor. Comento esto porque el coloquio derivó en gran medida hacia el tema de la proyección de la imagen personal en el entorno profesional, lo cual no fue nada extraño: muchos de estos muchachos se encontrarán dentro de un par de meses tratando de acceder al mercado laboral, y el más joven se verá en la misma situación antes de cinco años. 

Por lo tanto, y tal como vengo explicando, el asunto de la visibilidad de los valores personales constituyó el nucleo del encuentro. Uno de los alumnos me preguntó: "Según usted, ¿cuáles son los principales valores de una persona", a lo que yo respondí: "El primero, la capacidad de dar amor; el segundo, la capacidad para recibir amor; y el tercero... ¡Ser rico!".

La carcajada fue tremenda, pero a continuación añadí: "No quisiera frivolizar con este tema y pido a todos excusas por lo que he dicho. Sinceramente, lo que creo es que el principal valor es... ¡¡ser rico!!". 

La verdad es que lo pasamos bien. Hubo otros momentos, más serios, que tuvieron lugar cuando varios de los alumnos, exponiéndolo cada uno de ellos de distinta manera, mostraron su interés en conocer cuál era mi opinión acerca de la mentira en general y en particular, del fingimiento de la posesión de valores que en realidad no se tienen [los lectores se sorprenderían de conocer con cuánta frecuencia los jóvenes inteligentes sienten interés por este tema en concreto]: suelo responder a este asunto con una glosa de la célebre frase atribuida a Abraham Lincoln: "Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo", añadiendo, desde el punto de la comunicación no verbal que eso es así porque resulta más fácil controlar las palabras que ese complejo emisor de señales que es todo el cuerpo.

Nietzsche lo e expresó de otra forma algo más densa, pero también más precisa, y más terrible, puesto que se refiere a la credibilidad que merecemos ante los demás incluso cuando decimos la verdad: "Cuando la verdad que hemos de decir va contra nuestro carácter -como ocurre tantas veces- nos comportamos como si mintiésemos mal y provocamos desconfianza". 

No basta con decir la verdad. La verdad que se diga deber ser tenida como verosímil ante los ojos de los interlocutores, puesto que, si esto no sucede, nuestra credibilidad personal puede verse afectada por muy inmaculados que puedan ser nuestros corazones. 

Así son las cosas.





Chocante gestión protocolaria de A. Merkel

Fallo en la formación protocolaria del Sr.  Hollande  y no del todo delicada gestión
de la situación por parte de la Sra. Merkel
.

Dos cosas. Una, la señora Merkel habitualmente toca e incluso empuja a los hombres (lo hizo en el aniversario de la caída del muro dando un empujón a una personalidad de 2ª clase que tapaba a Gorbachov). La otra cosa es que este video expone, de los tres escenarios (confrontación, colaboración e indiferencia) el último; y de los 3 tipos de mensaje (informativo, persuasivo y protocolario)... ¡los tres al mismo tiempo!