martes, 30 de octubre de 2012

Tres mitos sobre la efectividad de las reuniones



1. Las reuniones son un  buen método para aportar ideas en común. 

FALSO. Para muchas personas son una fuente de estrés. Las personas más creativas aguardan con ansiedad el momento de exponer sus ideas, pero mientras tanto no escuchan a los demás. Los cronófagos (participantes que acaparan el tiempo improvisando mientras hablan) generan malestar y bloquean la aportación de ideas.

2. Las reuniones permiten que la gente se conozca mejor entre sí. 

FALSO. La gente trata de mostrar su mejor perfil. O de ocultarlo. Están más pendientes de su aparición escénica que de influir en los oyentes.

3. Lo más importante es poder contar con un moderador competente. 

FALSO. Un moderador con exceso de visibilidad contamina la comunicación intergrupal. Un moderador que aplica con rigor lo que ha aprendido en los cursos de dirección de reuniones es un killer para la creatividad y la espontaneidad. La formación prioritaria no es la de de los moderadores y supuestos líderes, sino de la de los participantes.

"La fe inquebrantable en las tormentas de ideas colectivas se basa en la creencia de que en grupo afloran más y mejores ideas que en soledad. Nosotros hemos comprobado una y otra vez que la mayoría de los participantes en los experimentos colectivos e individuales también están convencidos de ello, a pesar de que una visión objetiva del asunto demuestra que el el resultado es el contrario".(1)

(1)Reflexión en Grupo. Mente y Cerebro, octubre de 2003. Wolfang Stroebe (catedrático de Psicología Social. Universidad de Utrecht) y Bernard Nijstad (investigador en el departamento de Psicología Organizativa de la Universidad de Amsterdam).

sábado, 27 de octubre de 2012

Cambiar el idioma para cambiar la forma de pensar


Recientes estudios parecen indicar que los dispositivos mentales que determinan nuestra forma de pensar, es decir, la interpretación de los acontecimientos materiales e intelectuales y su posterior descripción, guarda una estrecha relación con el idioma utilizado.

Por ejemplo, los indígenas mapuches (sur de Chile y Argentina) se refieren al tiempo y el espacio dentro de un complejo esquema cosmogónico basado en una visión filosófica de la naturaleza y la vida, mientras que los indígenas de las islas Marshall, en la Micronesia, basan su visión del mundo sobre el requisito de ser conscientes en todo momento de la localización de los puntos cardinales; por lo tanto, estos últimos no dicen "el tenedor está a la izquierda del plato" sino "el tenedor está al suroeste del plato" (o en otra orientación, en función de la posición de la mesa).

¿Por qué esto es así? Cuando los europeos llegaron a las Marshall se encontraron con que los indígenas poseían cartas de navegación muy elaboradas. No podía haber sido de otro modo: sus vidas dependían de la capacidad para orientarse en el océano, por lo que entrenaron sus cerebros de una forma especial para poder sobrevivir, y lo hicieron incorporando la habilidad orientadora a su acervo cultural. Por otra parte, es probable que históricamente, la supervivencia de los mapuches posiblemente se encontrase más relacionada con la identidad grupal, y por lo tanto con su historia y creencias (en la nueva disciplina académica de las etnomatemáticas se estudia el influjo cultural de la habilidad matemática con relación al grupo social examinado).

Tenemos ejemplos más próximos. En el idioma catalán, el tiempo se cuenta haciendo referencia al futuro, en lugar de al pasado. Así, en catalán no se dirá "las nueve y media" sino "dos cuartos de hora para la diez". Por otra parte, es proverbial que el idioma inglés resulte especialmente dinámico y directo, mientras que las lenguas latinas se ocupan en la minuciosa precisión de los pretéritos y antefuturos, de una forma, digamos, menos elástica para las cuestiones prácticas.

Hace cuatro siglos, el filósofo, científico y hombre de Estado Francis Bacon escribió : "Creemos que la razón necesita las palabras para expresarse, pero las palabras también crean la razón".  La formulación que a este propósito se hace el joven filósofo (¡y contrabajista!) Gottfried Vosgerau (3) es: ¿Usamos la lengua para expresar nuestros pensamientos o es la lengua en sí la herramienta que nos faculta para pensar? 

Se ha sugerido (4) la posibilidad de que, en función del idioma utilizado, la persona se encuentra más capacitada para pensar de una forma específica ante un problema concreto, según se trate de negocios, filosofía, arte u otra materia. Un reciente experimento llevado a cabo en la Universidad de Chicago por un doctorando en psicología demostró que, ante un reto planteado a probandos anglosajones bilingües, su actitud se hace más osada si tratan de resolverlo en idioma español (5), pero más cauta si lo hacen en inglés.

Te propongo un interesante reto: ¿De qué nacionalidad es el autor de esta reflexión?:

"Too much sanity can be madness, and the maddest of all, to see the life as it is an not how it should be"(6)


Una última pregunta : ¿en qué idioma crees que se debería pensar para resolver la actual crisis económica en España?


 

(1) El modelo mental de los pueblos indígenas. Víctor Gavilán, http://www.visionchamanica.com/Mundo/Pensamiento-en-Espiral.htm
(2) Mente y Cerebro nº 5/2003
(3) Investigación y Ciencia, nº 433. Octubre de 2012
(4) Se publicó en un artículo de Investigación y Ciencia hace unos dos o tres años; siento decirlo, pero no me acuerdo de la referencia del artículo en cuestión y se lo agradeceré a quien pueda facilitármela.
(5) Sun Gyu An; Universidad de Chicago: http://www.huffingtonpost.com/2012/04/25/foreign-language-decision-making_n_1453615.html
(6) Miguel de Cervantes.


martes, 23 de octubre de 2012

Ojito con las Cruzadas contra el Mal


Sobre estas líneas, el matemático y economista Barry J. Nalebuff. Es profesor en la 
Yale Business School y está considerado uno de los mayores expertos del mundo 
en Estrategia y Teoría de Juegos.

Conocí al doctor Nalebuff con motivo de la celebración del primer Congreso Iberoamericano de Finanzas que se celebró en Madrid. Unos meses más tarde me envió una foto de su despacho: su mesa de trabajo (un sencillo y vetusto pupitre) se apoyaba contra una pared, y en lo alto de la opuesta, encima del marco de la puerta, mantenía una papelera enmarcada en el soporte de una canasta de baloncesto.Solamente eso ya es un puntazo.

Pero mi fascinación por Nalebuff vino a raíz de la lectura de Pensar estratégicamente, un libro que me abrió los ojos ante la omnipresencia práctica de las matemáticas en la vida cotidiana, y que de alguna forma me impulsó a escribir La estrategia de la mentira, introduciéndome en el conocimiento de la forma en que la gente puede llegar a tragarse las patrañas más inconcebibles, sobre todo las difundidas por correo electrónico con el latiguillo de "haz llegar este mensaje a todas las personas que conozcas", locución que te incita a creer que vas a formar parte de una excitante cruzada contra el Mal.

Esta mañana he recibido uno de esos correos. Citaba de forma inconexa y disparatada una serie de informaciones que proclamaban temerariamente que "el colesterol era bueno para la salud". ¿Por qué la gente iba a creerse disparate así? Por una única razón: porque el texto citaba "estudios científicos".

Creo recordar que Nalebuff participó en algún momento en un estudio matemático que había analizado varios cientos de tesis doctorales (auténticas) sobre una misma materia, descubriendo que un destacado porcentaje de las mismas contenía literalmente los mismos errores en las referencias bibliográficas. Es decir, que los doctorandos no habían leído las obras que citaban (se habían limitado a copiarlas de otras tesis anteriores), que los profesores las desconocían y que, en defintiva, todo el mundo casualmente se encontraba mirando hacia otra parte mientras silbaba una cancioncilla.

Si los sesudos académicos se lo tragaban, ¿por qué no íbamos a hacerlo tú o yo?


Nota bene: el correo que comento no contraponía las lipoproteínas de alta densidad (HDL) al colesterol LDL o colesterol "malo". Todo el colesterol era "bueno" y punto.

Los metamensajes de la seducción


Esta mañana me he cruzado con una señora que llevaba un collar del que pendía un descomunal corazón metálico. El trasto era enorme: dentro él hubiese podido anidar perfectamente un loro de tamaño mediano. ¿No resulta un poco salvaje este asunto? Después de todo, el corazón es una víscera. Sinceramente, creo que la exhibición de la réplica de una víscera viene a ser algo sí como el colgar del espejo retrovisor un par de cabezas humanas disecadas. De todas formas, lo verdaderamente interesante de todo esto es que las joyas en forma de corazón son mensajes sexuales bastante explícitos y que pueden significar algo así como:

 "Me gustaría conocer a alguien cuya visión me excitase lo suficiente como para que mis glandulas suprarrenales vertiesen una dosis extra de adrenalina en mi torrente sanguíneo de tal forma que coadyuvasen a la generación de un aumento del flujo sanguíneo propiciatorio de una gozosa relación íntima, la cual acaso pudiese concluir en una contribución a la reproducción de la especie".

Como el párrafo anterior resulta un poco difícil de memorizar, y además casi nadie conoce la existencia de las glándulas suprarrenales, lo más sencillo consistirá en colgarse la réplica de la víscera, que lo dice todo. Y si lo que se pretende es ir de fiesta y conocer a gente nueva, en lugar del corazón tamaño loro, hay que llevar  una pulsera de la que cuelguen múltiples y diminutos corazoncitos, que también explican las verdaderas intenciones si te tomas la molestia de prestar atención. Las personas verdaderamente seductoras tienen como rutina el fijarse en estos detalles con total desapasionamiento. 

Sin embargo, lo fascinante es ver cómo nuestros cerebros son capaces de transformar el contenido explícito de las palabras y de convertirlo en esa magia a la que convenimos en llamar sentimientos. Por ejemplo, si bien el hígado es el responsable de eliminar de la sangre las sustancias que puedan resultar nocivas para el organismo, a nadie se le ocurriría llamar "higadito mío" a su cónyuge para agradecerle que se haya decidido a pasar la aspiradora por el salón, del mismo modo que si tu pareja aporta serenidad a tu vida, tampoco es cosa de referirse a ella como "mi encantador Sistema Nervioso Central".

En el Diccionario ideológico de la lengua española, del académico Julio Casares, no figura ni una sola expresión de amor o seducción que aluda a las vísceras, salvo la de "estar muerto por los pedazos de alguien", la cual es más bien genérica a la par que necrófila, por lo que no la recomiendo.

En resumidas cuentas: si quieres llegar al cuerpo del otro, invoca al espíritu. Si quieres que el otro no llegue a tu cuerpo, comenta en detalle las funciones orgánicas del organismo. Los seres humanos somos así de contradictorios.