martes, 22 de enero de 2013

Análisis lingüístico de la expresión “Sí, hombre”, utilizada sagazmente por el presidente del Gobierno español, señor Rajoy.




Hay algo que se suele pasar innecesariamente por alto y ello consiste en el incontrovertible hecho de que el señor Rajoy es de Pontevedra, ciudad enclavada, tal y como las personas instruidas saben, en el Reino de Galicia. El Reino de Galicia es cosa aparte, y eso sí que sigue sin saberlo el conjunto de la Humanidad, pero sigamos adelante con el tema que nos ocupa.

Lo cierto es que la expresión “Sí, hombre” se corresponde con la incompleta traducción al castellano de la galaica locución “¡Si, om!” ( se pronuncia “sí, o-ó”) cuyo correcto volcado al idioma que estos instantes estoy compartiendo con ustedes en realidad es: “Me sorprende extraordinariamente que hagas ese comentario, y francamente, no es que quiera desmerecer tu interés ni opinión en este asunto, pero lo cierto es que no me apetece extenderme en mi respuesta, en la medida en que eso me incomoda hasta cierto punto” (el idioma castellano es harto tedioso, excesivo y necesita demasiadas palabras para decir pocas cosas).

 Les ruego que den por cierta esta traducción, ya que provengo de Os Bergantiños y sé muy bien de lo que hablo. Mi adorada prima Mary-Loly (respeto aquí su propia grafía) se limitó a decir “Sí, O” cuando los más pequeños le habíamos preguntado en cierta ocasión si era cierto, tal como se rumoreaba, que tenía tres novios. Su explícita respuesta fue:  “¡Sí, o!”, con lo que el significado de la misma se confundía entre las habituales nieblas de los paisajes gallegos en invierno, otoño, primavera y la mayor parte de los amaneceres veraniegos, pudiendo significar, por lo tanto, cualquier cosa, ¿van comprendiendo ya de qué va el tema?

Un apunte culto: “O” o bien “Om” es un apócope del vocativo singular homo, de la tercera declinación en latín, que el señor Rajoy utilizó para diluirse en la versión política de las nieblas apuntadas en el párrafo anterior cuando los periodistas le preguntaron si eso de meter la mano en la caja le parecía cosa razonable, o por lo menos, habitual.

Créanme: resulta crispante el que los medios de comunicación españoles sigan mostrándose tan ignorantes acerca de la extraordinaria completitud  del idioma de mi tierra. Romperé de nuevo una lanza a favor del señor Rajoy y declararé que soy sincero cuando digo que no les vendría mal a todos ustedes una cierta dosis de inmersión lingüística para que empezasen a hacerse una idea de lo que realmente sucede con el tema de la corrupción política en estos precisos momentos.

Y no les cuento nada de mi otro primo, el mafioso, no sea que tengamos un disgusto.

josehermida.com
morfocom.com
globalola.com

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