martes, 23 de abril de 2013

Lo que María contestó a tu Test del Desierto

Insperata accidunt magis saepe quam quae speres.

("Más a menudo sucede lo inesperado que lo que esperas".
Plauto, Mostellaria, 197.  Traducción de Neus Galí en la obra Aurea Dicta, prologada por el profesor Tierno Galván).


Este post es el noveno de una serie prevista de 15 entregas (tres por semana) que trata acerca del proceso de una joven de 24 años en su empeño por ser feliz. El morfopsicólogo Àlex Martínez Miralpeix y el consultor de comunicación Jose Hermida acompañarán a María a lo largo de la experiencia. Los nombres y lugares se han adaptado a la narración para preservar la intimidad del personaje real.

RESUMEN DE LO PUBLICADO:

Entrega 1.  "ME VA MAL CON LOS CHICOS"(pulsar AQUÍ para ir al primer capítulo).  
Entrega 2 "¡QUIERO SEDUCIR A QUIEN YO QUIERA" (pulsar AQUÍ  para ir al segundo capítulo). 
Entrega 3 "LO QUE DICE TU ROSTRO Y LO QUE TÚ CREES QUE DICE" (pulsar AQUÍ  para ir al tercer capítulo).
Entrega 4 "USO, ABUSO Y DESUSO DE LAS EMOCIONES" (pulsar AQUÍ  para ir al cuarto capítulo).
Entrega 5 "COLABORACIÓN, CONFRONTACIÓN, INDIFERENCIA" (pulsar AQUÍ  para ir al quinto capítulo).
Entrega 6 "LO QUE DICES DESEAR Y LO QUE REALMENTE DESEAS" (pulsar AQUÍ  para ir al sexto capítulo).
 Entrega 7.  "EL TEST DEL DESIERTO" (pulsar AQUÍ  para ir al séptimo capítulo).
 Entrega 8.  "RESPUESTAS AL TEST DEL DESIERTO" (pulsar AQUÍ  para ir al octavo capítulo).



 
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A continuación expondremos las respuestas de María al Test del Camello y el Desierto. Hemos modificado aquellos pasajes que podrían propiciar la identificación de personas reales próximas a su entorno (hay quinese están siguiendo el curso de esta serie y nos consta que un número no desdeñable de esas personas mantienen relación con la auténtica "María", cuanto menos a nivel virtual a través de las redes sociales).

Los lectores también observarán algunas expresiones algo subidas de tono, pero debe tenerse en cuenta que dichas expresiones se encuentran directamente vinculadas con las revelaciones propiciadas por el efecto de la Kokología, cuyo ingeniosa capacidad para desconectar al usuario de su rutinaria visión de las cosas, nos permite acceder a escenarios más intensos que lo que supondría simples entretenimientos).

Los lectores que hayan tenido, si no la osadía, sí por lo menos la paciencia de haberse autoaplicado el test cuya interpretación ahora nos ocupa, podrán comprobar en qué importante medida cada individuo, hombre o mujer, joven o de edad provecta, inteligente o limitado, seguro o susceptible a la intimidación, posee un mundo interior repleto de liberadoras revelaciones que más que probablemente no les redimirá de su pasado, pero les aportará visión para liderar su futuro. Hemos destacado nuestras anotaciones en color y subrayadas.


1. Dios, Bridget (porque le hubiese puesto ese  nombre al camello ), no puedo más. Casi no nos queda agua, tengo hambre, sueño y la arena pica; se me ha metido por todas partes y voy incomodísima. ¿En qué puñetera hora se me ocurriría a mí hacer este maldito viaje? ¿Crees que llegaremos algún día o moriremos aquí? Bueno, si morimos, al menos moriremos haciendo algo apasionante, ¿no? Pero vamos, tú tranquilo, no te desanimes. En el fondo yo estoy convencida de que antes o después llegaremos a algún lugar. No hay mal que cien años dure… Ahora no lo vemos claro porque la cosa está jodida pero yo creo que llegaremos porque no concibo que estemos haciendo este viaje para nada. De algo nos servirá… Algún día, en algún momento, llegaremos. ¿Qué final sería ése si no? ¿Dirán en las noticias que nos fuimos al desierto y no sobrevivimos? Nah; no me pega. Además, yo, todo lo que me propongo lo consigo. Ya te he contado la historia de Águila Roja y la del escritor Jose Hermida… Parecen chorradas pero ahí están. Se me ha metido entre ceja y ceja que vamos a disfrutar de este viaje y disfrutaremos; ya lo verás. Es cuestión de justicia (y de estadística), es decir, ya va tocando que me empiecen a pasar cosas buenas porque, como tarden mucho más en llegar, al karma no le queda vida pa compensarme. Va, no nos desanimemos. Y, si morimos aquí, ¡pues se acabó el sufrimiento! (Todo tiene su lado bueno). Sí, lo sé, mis amigos también me dicen que vivo en Felizonia pero mira, los problemas van a ser los mismos riamos o lloremos y, con buena disposición, siempre se consigue más así que, venga.

2. Si me decís [se refiere a Martínez Mirtalpeix y a Hermida] “lo que sucede”, deduzco que el hecho de que alguien haya llegado antes que yo es algo negativo… Vamos, que tiene que ser alguien a quien no me alegre de ver ahí, ¿no?
En ese caso, creo que sería [da un nombre y una referencia familiar]. No sé cómo lo hace pero parece que lo hace todo bien, la tía. Hemos pasado por tres fases en nuestra relación: al principio éramos amigas y todo lo que sentía por ella y por esa “perfección” era admiración; un ejemplo a seguir para mí. Luego la cagó, me decepcionó y me jodía que “fuera tan perfecta para todo” y que se me comparara siempre con ella (lo que al principio eran sugerencias que podían ayudarme a ser mejor: “claro, mira, si hicieras esto como Carmen, te iría mejor”. En esta segunda fase era todo desde la competitividad: “claro, mira, si hicieras esto como Carmen, te iría mejor”) . Ahora nos hemos “arreglado” y me produce bastante indiferencia todo lo que hace porque me he dado cuenta de que, durante todo ese tiempo, yo fui mejor persona que ella y no menos competente. Es muy eficiente a efectos prácticos pero yo también. Y ahora sé que la competición que teníamos nunca fue justa y que de ningún modo yo podía ganarla porque el juez era [nombre de otro familiar]. Incluso ahora, los criterios y el baremo por el que se nos mide a ambas siguen estando descompensados pero a mí ya me da igual porque yo ya no compito con nadie. Actualmente sigo pensando que es una mujer de bandera y muy capaz pero no con la misma admiración que le tenía al principio. Entonces, supongo que no me alegraría de verla (porque para mí, nuestra relación ya no es lo que era) y, aunque no le tengo envidia, creo que pensaría: joder, ya está ésta aquí. Es que está en todas las salsas, ¿eh? Y encima seguro que ha hecho el viaje sin despeinarse mientras yo le hablaba al puñetero camello. En fin, voy a preguntarle cómo coño lo ha hecho pa llegar antes… A ver si aprendo algo o si sólo ha tenido más ventaja que yo, como de costumbre.

3. Diooooos. Me siento genial. Satisfecha a más no poder. Sabía que llegaría; es que, ¡tenía que llegar! No podía ser de otra forma. Lo he pasado fatal pero aquí estoy y, de momento, no pienso preocuparme por nada. ¡A disfrutar!
*(Pero vamos, dadme dos días… Enseguida seguro que empiezo a darle vueltas a la cabeza).

4. Mi [nombre de otro familiar]. , está claro. ¿Pero qué haces? Aún es MI camello [la mayúscula es de la autora] y además quería despedirme de él en condiciones. ¿No puedes esperar a que lo deje donde lo tengo que dejar o preguntarme si te lo puedes llevar ya? [aporta alguna explicación más acerca de ese familiar].



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A lo largo del texto anterior se puede observar en qué medida son recurrentes los conceptos de "competición", "correcto", "incorrecto", "mejor" y "peor". El escenario es el de una lucha, ¿lo ven? Acuérdense de cómo en entregas anteriores hemos venido comentando la importancia de la identificación de escenarios de colaboración/confrontación/indiferencia. Si el "entrenamiento" de María, o el de usted, o el de cualquiera de nosotros, se ve compelido a reinterpretar el mundo BAJO UN ÚNICO PUNTO DE VISTA (en este caso el de la competición) su FORMA DE COMUNICAR no será libre, sino condicionada por la rutina anterior. Esto es aplicable a la gente dominante, sumisa o indiferente: todos ellos sufrirán, sin ningún género de dudas, pero sufrirán PORQUE NO SERÁN LIBRES PARA CONSTRUIR SUS PROPIOS MENSAJES. En otras palabras, se relacionarán inadecuadamente con sus semejantes, con indiferencia del sexo, la edad o las creencias de cada cual.

María ha tenido no sólo la gentileza, sino la elegante gallardía de mostrar al desnudo sus más íntimas percepciones.mostrándonos hasta qué punto las rutinas de comunicación (acostumbramos a comunicarnos con los demás a base de rutinas, no de creatividad ni de propósitos) constituían sus auténticos obstáculos de éxito social y, desgraciadamente, sus aceleradores de desconcierto y sufrimiento.

Apliquémonos el cuento: el camello, una vez cruzado el desierto, al garaje, y que otra persona se haga cargo de él (el subrayado, la letra negrita, el color y  la cursiva son nuestros).

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