martes, 9 de abril de 2013

"Me va fatal con los chicos"




Este post es el primero de una serie prevista en 15 entregas (tres por semana) que trata acerca del proceso de una joven de 24 años en su empeño por ser feliz. El morfopsicólo Àlex Martínez Miralpeix y el consultor de comunicación Jose Hermida acompañarán a María a lo largo de la experiencia. Los nombres y lugares se han adaptado a la narración para preservar la intimidad del personaje real.
 
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El pasado 17 de febrero Jose Hermida había recibido un correo electrónico que venía encabezado por el asunto: Ponga un Jose Hermida en su vida. La remitente, a la que vamos a llamar María, era una joven de veinticuatro años que proclamaba desenfadadamente en el segundo párrafo de su extensa carta que pretendía de esta forma llamar la atención del destinatario. 

Por el momento lo había conseguido, sin duda alguna.
En el tercer párrafo explicaba el motivo de su mensaje: “me va fatal con los chicos”. 

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Cuando una persona acude a un desconocido en busca de ayuda para un determinado problema emite instantáneamente dos mensajes, uno de ellos, obviamente, es el de  “tengo un problema” y el otro, “no tengo a nadie mejor a quien acudir”. Por otra parte, la propia logorrea (el mensaje ocupaba 39.146 matrices, que equivalen nada menos que a 23 folios en Arial 12) ponía de manifiesto su equivalencia con la dimensión del problema. Utilizaba un lenguaje supuestamente divertido, pero las señales dejaban claro que estaba preocupada. Preocupada de verdad.

En el tercer párrafo María afirmaba haber leído Hablar sin palabras, el libro de Jose Hermida que trata de comunicación no verbal, y proponía acto seguido una suerte de intercambio: “si yo me he leído su libro, usted tiene que leer esto que le envío”. Aunque esa opción fue inmediatamente rechazada, resultaba interesante el comprobar que la persona que la había planteado, de forma intuitiva, había utilizado una técnica basada en algunos de los progymnasmata (ejercicios de retórica atribuidos a Hermógenes de Tarso) empezando por el encomio ("ponga un Jose Hermida...") reforzado con la captatio benevolentiae ("...si merezco su ayuda..." ) exponiendo el tema mediante la chría o anécdota ("me va mal con los chicos")y saltando, más bien de forma precipitada, al intento persuasivo: “si yo me he leído su libro (…) usted tiene que (…)”. 

Estas técnicas se enseñan hoy en día al personal de ventas en innumerables organizaciones comerciales y también se aplican en el campo de la política (más tarde se supo que la remitente contaba con alguna experiencia en el campo de las ventas).

En otras palabras: era una persona seductora. ¿Cuáles eran entonces los motivos de que “le fuese mal con los chicos”? Después de todo, la seducción forma parte central del juego del amor. ¿Qué era lo que fallaba?
Hasta el momento, Jose había leído solamente medio folio del paquete de los veintitrés que componían el mensaje. Pero el reto ya estaba en marcha: ¿se podía conseguir que una persona teóricamente competente obtuviese unos resultados emocionales de acuerdo con su propia competencia? Más aún: ¿podría la experiencia de María resultar útil a otras mujeres?

Se daba la casualidad de que aquellos días Jose se encontraba leyendo a Arnold Haultain, un posh británico nacido en la India en 1857 y autor de treinta y seis libros, algunos tan curiosos como El misterio del Golf o La utilización del sentido ilativo en las charlas de los prelados eclesiásticos, el cual debe sin duda resultar apasionante para cierto tipo de lectores. Pero el libro de Haultain que Jose leía en aquellos momentos era Trucos para amantes, un sorpendente librito acerca del amor escrito exclusivamente con el propósito de instruir a su hija adolescente en los pormenores de la seducción, sus placeres y sus peligros, sus oportunidades y sus estrategias.

¿Podrían ser utilizadas las prudentes observaciones de Haultain de tal forma que, combinándolas con las actuales técnicas de Comunicación Persuasiva y los avances en Morfopsicología para ayudar a personas con talento que no obtenían retorno positivo de sus interacciones románticas? 

En ese momento, Jose descolgó el teléfono para llamar a su socio el morfopsicólogo barcelonés Àlex Martínez Miralpeix. Tenía algo que proponerle.

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(continuará).

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