lunes, 15 de abril de 2013

Uso, abuso y desuso de las emociones

Ipsa felicitas, nisi temperatur, premit.

("La felicidad, si no se modera, se destruye a sí misma".
 Séneca, Epístolas 74, 18.  Traducción de Neus Galí).


Este post es el cuarto de una serie prevista de 15 entregas (tres por semana) que trata acerca del proceso de una joven de 24 años en su empeño por ser feliz. El morfopsicólogo Àlex Martínez Miralpeix y el consultor de comunicación Jose Hermida acompañarán a María a lo largo de la experiencia. Los nombres y lugares se han adaptado a la narración para preservar la intimidad del personaje real.

RESUMEN DE LO PUBLICADO:

Entrega 1.  "ME VA MAL CON LOS CHICOS"(pulsar AQUÍ para ir al primer capítulo).  
Entrega 2 "¡QUIERO SEDUCIR A QUIEN YO QUIERA" (pulsar AQUÍ  para ir al segundo capítulo). 
Entrega 3 "LO QUE DICE TU ROSTRO Y LO QUE TÚ CREES QUE DICE" (pulsar AQUÍ  para ir al tercer capítulo).
 
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La felicidad, como el éxito, resultan conceptos difíciles de compartir, entre otras razones, porque para cada persona se ven vinculados con emociones que difieren mucho entre sí. Sin embargo, con la tristeza y el fracaso la cosa cambia: la soledad o el desengaño se pueden transmitir con suma facilidad. La maravillosa emoción de volar en parapente y aterrizar en lo alto del Montblanc equivale al éxtasis para un deportista, pero para otras personas puede significar ni más ni menos que una experiencia terrorífica. Resulta sorprendente cómo la gente deja de prestar oídos cuando nuestro primer mensaje sugiere el contexto "tengo un problema; cuando eso sucede,  el cerebro de la otra persona elabora el borrador de un mensaje del tipo:

- ¿Un problema? ¿A quién le interesa tu problema? ¡Yo sí que tengo problemas!
 
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En el primer mensaje que nos había enviado a Morfocom, María nos contaba que parecía sentirse atraída hacia un muchacho al que llamaremos Mario, con respecto al cual decía sentirse atraída. A tal efecto narraba un episodio que había tenido lugar en una reunión juvenil entre Mario y otro chico. A grandes rasgos, lo que había sucedido era que el otro chico había invadido el área personal de Mario con un intento de tocamiento y besuqueo, que fue rechazado con calma y elegancia por parte del acosado, sin perder la compostura en ningún momento. A partir de esas circunstancia se creó una situación confusa: María menciona que le habían llegado rumores acerca de la orientación sexual de Mario y aporta un no poco significativo detalle: los presentes insinúan esa circunstancia y Mario se lo reprocha, según la narración de María, mostrando entereza y autocontrol.

A partir de ahí, el lenguaje de María revienta en efracciones verbales que expresan sus propias emociones con locuciones tales como "darle una hostia por hablarme así", "tengo tu tamaño y tu fuerza y te doy una hostia", o bien poniendo de manifiesto su opinión acerca del interlocutor pretendidamente amado de forma directísima: "te has comportado como un gilipollas", para terminar reprochando al objeto de su deseo que "su sentido del humor es un poco soez". 

Sin duda alguna, podemos preguntarnos cómo sería posible seducir a nadie en medio de semejante ceremonia de la confusión. Era evidente que María necesitaba poner en orden sus pensamientos y sus sentimientos, o de lo contrario se quedaría anclada en el recurso a los estallidos primarios cuando no fuese capaz de identificar con mayor precisión la verdadera naturaleza de los actos de los demás, sin lo cual, jamás podría comprender los suyo propios. Necesitaba algún referente teórico que le facilitase el acceso a la comprensión de los escenarios en los que su vida se desenvolvía.
 
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 En el terreno de la comunicación humana, las emociones cumplen más funciones que las de manifestarse a sí mismas: 

- Sirven para encuadrar la intención del interlocutor (colaboración, confrontación o indiferencia).
- Sirven para identificar nuestra propia intención (colaboración, confrontación o indiferencia).
- Sirven para precisar el método que vamos a seguir para conseguir nuestros objetivos a corto y largo plazo (colaboración, confrontación o indiferencia).

Las tres utilidades anteriores, ciertamente beneficiosas, se ven desvanecidas tanto cuando se da rienda suelta a las propias emociones como cuando se las somete a un férreo control. La única respuesta es: EQUILIBRIO.

Por eso es por lo que precisamente el siguiente post se titulará Colaboración, Confrontación, Indiferencia... aunque perfectamente podría titularse: ¿Se puede saber qué demonios estoy haciendo sin darme cuenta de que lo hago?

Pero este título alternativo nos quedaba demasiado largo.
 
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