sábado, 21 de diciembre de 2013

Juego sucio


Tyrone Power en su colosal interpretación en El callejón de las almas perdidas. La autodestrución del cuerpo y del alma de un farsante.
A veces te preguntan: “¿Crees que vale la pena el ejercicio de la honestidad y la responsabilidad?”  Es una pregunta para la que no tengo una respuesta precisa, pero puedes apostar todo tu dinero a que quien juegue sucio pagará un precio descomunal por sus trampas. Tarde o temprano. Será con su dinero, con su libertad, con su salud o tal vez con su propia vida. La razón es evidente: el comportamiento honesto, por su propia naturaleza, no presenta ningún rasgo distintivo con relación al del prójimo, porque la mayoría de la gente es moderadamente “buena” y en consecuencia,  las personas honestas no llaman la atención. Sin embargo, los rufianes se ven obligados a mentir, explotar, someter y dañar a más y más gente, hasta que llega un momento en el que su fama de felones termina por ser identificada absolutamente por todo el mundo, y cuando llega ese momento, el rufián se ve rodeado por un bosque de puertas cerradas: deja de existir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada