viernes, 24 de enero de 2014

Persuasión, magia y manipulación. Los límites.




Este breve video de 10 segundos, está protagonizado por el doctor Gustav Kuhn,   psicólogo cuyo interés científico se centra en los aspectos de la percepción visual que determinan la idea que nos hacemos acerca de lo que llamamos "el mundo real".


Tal realidad no resulta del todo evidente, ya que no es otra sino la que nosotros elaboramos en función de nuestros prejuicios... o de lo que los demás nos hacen creer. Por supuesto, Kuhn también es mago, tal como pueden comprobar en el sencillo experimento (realizado en su aula de la Universidad de Drham, Reino Unido) en el que hace "desaparecer" una bola lanzada al aire. Lo que sucede en realidad es que somos nosotros y no el mago/científico quienes hacemos desaparecer la bola… en nuestro cerebro.

En el experimento de la desaparición de la bola lo que sucede es que Kuhn hace que nos fijemos en su mirada mientras ésta sigue la trayectoria del objeto en los primeros lanzamientos. De esta forma, los mecanismos cerebrales de los espectadores crean una expectativa de la trayectoria, tal y como demostró el neurobiólogo Michael F. Land, colaborador de Kuhn e investigador del Centro de Neurociencia de la Universidad de Sussex. El proceso que nos induce al error no se debe a ningún fallo de nuestro cerebro, sino a la sugestión que el manipulador lleva a cabo con el propósito de quebrar nuestra anticipación de los hechos reales.

Los prejuicios, fanatismos, y convicciones políticas o morales pueden ser manipuladas (y de hecho lo son a diario) mediante la desviación de la atención de las personas hacia las áreas de interés de los manipuladores. El arte de la seducción utiliza procedimientos similares. En la vida personal y profesional, la Comunicación Persuasiva resulta efectiva cuando las personas comunicadoras actúan de acuerdo con una planificación estratégica y un alto desempeño enfocado en la exacta percepción del mensaje de interés ("mensaje clave", en la jerga de la comunicación) por parte de los destinatarios.

Es obvio que el respeto a los principios éticos y deontológicos marca la línea que separa a un comunicador experto de un simple y reprobable manipulador.




www.josehermida.com

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