lunes, 6 de enero de 2014

Tres razones por las que (a veces) eres inimitable.


Alfred Hitchcock sacaba sus historias de novelas de bolsillo porque estaba harto de los guionistas. Nunca asistió a clase en ninguna escuela cinematográfica y no tenía nada de guapo. Pero es el inventor del cine moderno... y de una personalidad inimitable, puesto que aquel niño tímido, que tuvo que dejar el colegio de los jesuitas londinenses porque sus padres no podían pagar sus estudios, creó su propia personalidad.

¿Cómo lo hizo? Haciéndose inimitable. Seguía tres normas, de alguna de las cuales tú te vales de vez en cuando, pero él aplicaba las tres, a la vez y sin descanso. Son las siguientes:

1. No hagas nada de lo que no estés absolutamente enamorado.
2. Inspírate en el talento de los demás, pero no los imites: tan sólo aprende.
3. Si todavía no has encontrado nada de lo que enamorarte y no encuentras talento a tu alrededor, considera que tu actual ocupación (¡o desocupación!) es temporal.


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