jueves, 13 de noviembre de 2014

El riesgo de ser una persona competente, honesta y responsable.


La señora Matilde Gámez era trabajadora social en una institución pública cuyo manifiesto propósito, por el cual recibía un subsidio del Gobierno, consistía en la rehabilitación económica de indigentes, algo que significaba conseguir que estos encontraran y conservaran empleos remunerados. Las personas socorridas por esta institución –se decía– estaban haciendo continuamente “progresos” según los informes oficiales; sin embargo, muy pocos se “rehabilitaban” realmente. Esto era comprensible porque la mayoría de ellos habían recibido ayuda durante varios años, yendo de institución en institución y a veces incluso estando en comunicación con cinco o seis instituciones a la vez, de modo que era evidente que se trataba de “casos difíciles”.
La señorita Gámez pronto se dio cuenta de que el personal de la institución realmente no estaba ayudando a las personas en situación de desempleo, sino, misteriosamente,  simulando que lo hacían, por lo que se preguntó qué sería lo que los desempleados pensaban acerca de cómo les estaban yendo las cosas, de modo que, por su cuenta y riesgo, comenzó a preguntar a las personas que caían dentro del ámbito de sus competencias cuántas oportunidades de empleo habían investigado a lo largo de la última semana.
Lo que descubrió la señora Gámez fue que no buscaban empleo, sino que simplemente simulaban que lo estaban buscando. A los pocos días fue llamada al despacho de su supervisor y fue reprendida por “presionar a sus asignados”.
A pesar de ello, la Sra. Gámez siguió investigando e incluso tomó la determinación de amenazarles con suprimir los fondos de beneficencia de los que disfrutaban. Algunos encontraron empleo inmediatamente, pero otros escribieron al supervisor quejándose de la actitud de la señora Gámez. Esta vez el supervisor advirtió con severidad a la Sra. Gámez que si persistía en su actitud sería despedida. Como la señora Gámez tenía la inadecuada costumbre de ser honrada, se negó a proseguir con el fingimiento a la que querían obligarla.
Siendo cierto que la señora Gámez estaba consiguiendo que algunas personas encontrasen empleo, empezó a recibir apoyo de psiquiatras y psicólogos interesados en el tema de la llamada rehabilitación económica. Una clínica psiquiátrica la invitó a dar una conferencia en su hospital, pero el supervisor de la Sra. Gámez le prohibió participar, bajo amenaza de despido.

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Resumiendo: si el resto del personal era tan eficiente como la Sra. Gámez, la organización vería reducidas  las asignaciones económicas con las que hasta el momento contaba por parte del Gobierno, riesgo que se vería aumentado si a la vez coincidía con un aumento de las quejas de las personas que “no encontraban” empleo.
Obviamente, la Sra. Gámez fue despedida a fin de que las cosas volviesen a discurrir por el cauce correcto, con lo que se encontró en situación de desempleo.
(Caso real  que tuvo lugar en 1961, referido por el psiquiatra canadiense Eric Berne en su libro “Juegos los en que participamos”. El Dr. Berne fue el desarrollador del Análisis Transaccional, que hoy se aplica en procesos de selección y cursos de formación).


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