sábado, 15 de noviembre de 2014

¿Qué hacer cuando tu vida amenaza con irse a pique?

 
Advertencia: el simple visionado de este video podría producir mareos en determinadas personas. Si eso llegase a sucederle a usted, tan sólo  detenga la reproducción y limítese a leer el texto. El video dura solamente 3 minutos, pero la situación real que vivieron sus tripulantes duró 10 días. Hay momentos en que el barco, de 35.000 toneladas, llega a escorarse 30º. El navío da la impresión de avanzar, pero con el viento de frente (110 km/hora) se encuentra prácticamente parado en más de un momento. El acontecimiento tuvo lugar en el Ócéano Índico durante un tifón.
 
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Una de las expresiones más terribles para referirse a la situación de un ser humano es una vida "que ha naufragado". Utilizamos con frecuencia términos marineros para referirnos a situaciones en la que una persona no se ve capaz de gestionar los acontecimientos, como un matrimonio que "hace agua", un proyecto que "se viene a pique" o una ilusión "desarbolada" (en el mar, se refiere a la pérdida de los mástiles de la embarcación).
 
Pero hay una expresión que nos da un enfoque bien distinto: "llevar el timón" de los acontecimientos(en el mar también se llama "gobernar" la nave).
 
Lo interesanate de esto es que la situación es la misma tanto si llevamos el timón como si no lo hacemos. La furia del mar, o de los negocios, del trabajo o de las emociones, están ahí delante de vez en cuando, ya lo creo que sí, pero si no "llevamos el timón" de nuestros asuntos y de nuestras emociones, aumentamos las posibilidades de que el barco de la vida se vaya al fondo.
 
Nunca te rindas.
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jueves, 13 de noviembre de 2014

El riesgo de ser una persona competente, honesta y responsable.


La señora Matilde Gámez era trabajadora social en una institución pública cuyo manifiesto propósito, por el cual recibía un subsidio del Gobierno, consistía en la rehabilitación económica de indigentes, algo que significaba conseguir que estos encontraran y conservaran empleos remunerados. Las personas socorridas por esta institución –se decía– estaban haciendo continuamente “progresos” según los informes oficiales; sin embargo, muy pocos se “rehabilitaban” realmente. Esto era comprensible porque la mayoría de ellos habían recibido ayuda durante varios años, yendo de institución en institución y a veces incluso estando en comunicación con cinco o seis instituciones a la vez, de modo que era evidente que se trataba de “casos difíciles”.
La señorita Gámez pronto se dio cuenta de que el personal de la institución realmente no estaba ayudando a las personas en situación de desempleo, sino, misteriosamente,  simulando que lo hacían, por lo que se preguntó qué sería lo que los desempleados pensaban acerca de cómo les estaban yendo las cosas, de modo que, por su cuenta y riesgo, comenzó a preguntar a las personas que caían dentro del ámbito de sus competencias cuántas oportunidades de empleo habían investigado a lo largo de la última semana.
Lo que descubrió la señora Gámez fue que no buscaban empleo, sino que simplemente simulaban que lo estaban buscando. A los pocos días fue llamada al despacho de su supervisor y fue reprendida por “presionar a sus asignados”.
A pesar de ello, la Sra. Gámez siguió investigando e incluso tomó la determinación de amenazarles con suprimir los fondos de beneficencia de los que disfrutaban. Algunos encontraron empleo inmediatamente, pero otros escribieron al supervisor quejándose de la actitud de la señora Gámez. Esta vez el supervisor advirtió con severidad a la Sra. Gámez que si persistía en su actitud sería despedida. Como la señora Gámez tenía la inadecuada costumbre de ser honrada, se negó a proseguir con el fingimiento a la que querían obligarla.
Siendo cierto que la señora Gámez estaba consiguiendo que algunas personas encontrasen empleo, empezó a recibir apoyo de psiquiatras y psicólogos interesados en el tema de la llamada rehabilitación económica. Una clínica psiquiátrica la invitó a dar una conferencia en su hospital, pero el supervisor de la Sra. Gámez le prohibió participar, bajo amenaza de despido.

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Resumiendo: si el resto del personal era tan eficiente como la Sra. Gámez, la organización vería reducidas  las asignaciones económicas con las que hasta el momento contaba por parte del Gobierno, riesgo que se vería aumentado si a la vez coincidía con un aumento de las quejas de las personas que “no encontraban” empleo.
Obviamente, la Sra. Gámez fue despedida a fin de que las cosas volviesen a discurrir por el cauce correcto, con lo que se encontró en situación de desempleo.
(Caso real  que tuvo lugar en 1961, referido por el psiquiatra canadiense Eric Berne en su libro “Juegos los en que participamos”. El Dr. Berne fue el desarrollador del Análisis Transaccional, que hoy se aplica en procesos de selección y cursos de formación).


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lunes, 10 de noviembre de 2014

Una vida que no vale la pena vivirla


Ayer, en el Teatro Español, *Sueños y visiones de Ricardo III*. Shakespeare retrató sin piedad la antítesis de alguien que pueda estar en el *Clan de los sueños fértiles*: el retrato de una vida que no valió la pena haber sido vivida. En 2012 se encontraron los restos de Ricardo III... ¡bajo un aparcamiento de la ciudad de Leicester (Reino Unido)!

domingo, 2 de noviembre de 2014

El Síndrome del Pequeño Nicolás o cómo proyectar una indeseable imagen fuera de contexto.

Análisis de la farsa del besamanos en el Palacio Real en el que participó el conocido como “Pequeño Nicolás”.  La proyección inadecuada de la imagen personal puede llegar a  anular socialmente a un individuo en apenas unos segundos. Las imágenes corresponden a la intervención de Jose Hermida en el programa Espejo Público de A3 TV.
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El psiquiatra canadiense Eric Berne desarrolló el denominado Análisis Transaccional (comportamiento según los pàarones “Niño”, “Padre” y “Adulto”) sobre tres teorías básicas: la Teoría de la Personalidad, la Teoría de la Comunicación y la Teoría de los Juegos (al final de este post se incluye una bibliografía “rápida” para quien desee abundar en el tema).
 
Por otra parte, el sociólogo Erving Goffman, también canadiense, estudió las interacciones entre los individuos enfocándolas como “representaciones teatrales inconscientes”. Por último, en el ensayo Hablar sin palabras, de quien suscribe estas líneas, se centra en las relaciones de dominación y sumisión entre las personas; igualmente, en El clan de los sueños fértiles, del mismo autor, en la interpretación de la vida de un ser humano desde el punto de vista de “la construcción de la personalidad como tarea consciente”.
 
NOTA: CADA IMAGEN CORRESPONDE A UNA FRACCIÓN DE SEGUNDO DENTRO DE LA SECUENCIA.
El primer contacto visual entre el Rey y P.N. muestra el momento de la protocolaria "sumisión ritual". El monarca ofrece un rostro serio, inhabitual en sus comparecencias públicas: hay "algo" que le parece fuera de lugar.
 

Aquí podemos ver cómo la Reina sonríe a una invitada, tal como corresponde al contexto ("frame", en términos de comunicación) de la ceremonia. El Rey mantiene su gesto adusto frente a P.N.
Inmediatamente, el Rey aparta la mirada de P.N. y su gesto comienza a desvanecerse,  iniciando una sonrisa, hacia el invitado que se acerca tras P.N. La Reina sonríe al advertir que se aproxima dicho invitado, no reparando en P.N. (recordemos que cada instantánea dura menos de un segundo).
Ahora la Reina repara en P.N. y se sorprende: ve a una persona que "no encaja" en la ceremonia.
La Reina, inmediatamente, orienta su mirada hacia el otro invitado, apartándola de P.N.. El Rey muestra claramente su satisfacción al ver a dicha persona, a diferencia de los sucedido un segundo antes.
P.N. busca inútilmente el contacto visual con la Reina (flecha roja), quien no le presta atención (flecha amarilla).
 P.N. "deja de estar presente" en la ceremonia. Tal como sugiere la expresión en español, "está fuera de lugar".
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En este caso que hemos analizado someramente vemos a un individuo joven, de rostro ligeramente aniñado, coln un corte de pelo más propio de la década de los años noventa, que pretende "jugar a ser adulto" (en el sentido que le da Eric Berne a su juego). Es el contrapunto al Síndrome de Peter Pan, enunciado por el psicólogo estadounidense Dan Kiley para referirse a la personas que "no quieren crecer". Todo ello me ha llevado a elaborar la expresión "Síndrome del Pequeño Nicolás" (SPN) a la hora de referirse a los individuos que, antes de haber crecido, fingen comportarse como adultos, peligroso error que puede acarrear severas consecuencias en el entorno profesional y afectivo, dado que es un juego no permitido en la vida adulta.
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BIBLIOGRAFÍA:

Berne, Eric.  Juegos en que participamos. Audio libro en http://www.youtube.com/watch?v=7G3-qg5vW6o (resumen de 9 minutos)

 Goffman, Erving. The presentation of Self in Everyday’s Life (en Google se pueden encontrar abundantes notas y resúmenes del libro)

 Hermida, Jose. Hablar sin palabras, 6ª edición, 2014

 Hermida, Jose. El Clan de los sueños fértiles. 2ª edición, 2014