domingo, 30 de agosto de 2015

La arquitectura de la maldad



¿Es más arrollador el poder del Mal que el del Bien? El del Mal, sin lugar a dudas.

The Sunset Limited (Al borde del suicidio en su versión en español) es una inquietante obra de teatro de Cormac McCarthy, adaptada para TV y posteriormente llevada al cine, que nos facilita importantes pistas acerca de nuestra capacidad de resistencia a la manipulación.

Un homicida de raza negra (Samuel L. Jackson), convertido a una secta cristiana tras haber cumplido su condena, salva la vida a un profesor universitario de raza blanca (Tommy Lee Jones) justo en el momento en que éste trata de quitarse la vida lanzándose a las vías del metro. El resto de la acción transcurre en el mísero apartamento del ex presidiario, quien Biblia en mano, trata de convencer al suicida de que es mejor conservar la vida que perderla. Sin embargo, la sólida dialéctica esgrimida por el profesor arrolla al ingenuo autodidacta y no sólo le convence de que el suicidio es la opción más razonable, sino que, en un diabólico ejercicio de crueldad intelectual, consigue que su indefenso interlocutor pierda por completo su fe y comience a plantearse la conveniencia de darse muerte a uno mismo.

En la imagen, Simonetta Vespucci posando como Cleopatra, cuadro de  Piero di Cossimo, 1480. La modelo lleva  alrededor de su cuello, a modo de collar, el áspid que, según la leyenda, habría encargado de morder a Cleopatra en un pecho, provocándole la muerte. En realidad, la reina no se suicidó por ningún motivo filosófico, sino porque sabía que iba a ser exhibida como esclava en la ceremonia romana del Triunfo. 

Hegesias de Cirene, filósofo del siglo IV a.C. predicaba en Alejandría las bondades atribuibles al suicidio, por lo que las autoridades le prohibieron que hablase en la plaza pública, puesto que un considerable porcentaje de sus oyentes, en efecto, se quitaba la vida tras escuchar sus aparentemente razonabilísimos argumentos.

La confrontación dialéctica, y su extensión material (destrucción de obras de arte, interdicción de opiniones y uso del idioma, proclamación de la conveniencia no ya del suicidio, sino incluso del genocidio, así como muchas de las otras formas que adopta el ejercicio de la dominación, y sobre todo, la prohibición de soñar) escupen sobre los infelices sometidos algo más que veneno: contaminan in extenso las mentes de sus mansos oyentes conduciéndolos hacia autolesiones morales, éticas, económicas, culturales. 

Es evidente que el Mal resulta fácilmente identificable para cualquier nivel de inteligencia. El hambre, la humillación, la negación de derechos, la injusticia, la pobreza, el nepotismo, la mutilación de la libertad, el dolor físico, la muerte, son males inequívocos. Lo que ya no resulta tan perceptible es la manipulación de las creencias. La maleabilidad intrínseca al pensamiento humano facilita la inducción de un curso mental u otro. ¿Quién en su sano juicio aceptaría órdenes injustas, propósitos perdedores, actitudes degradantes o panegíricos suicidas? Todo eso sucede a diario en oficinas, hogares, convocatorias electorales y organizaciones de todo tipo. ¿Por qué?

La libertad de elección no es un proceso lineal y tampoco siempre sigue un curso totalmente lógico. La única herramienta que tenemos a nuestro alcance para no resultar perversamente seducidos ni maliciosamente engañados es la de ser capaces de distinguir lo que diferencia al Mal Evidente de esa etérea maniobra denominada Manipulación.

Revisemos nuestro día a día y comprobemos si realmente se muestran libres todos y cada uno de los segundos de nuestras vidas.







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