martes, 1 de septiembre de 2015

La arquitectura de la odiosidad


Halle Berry interpretando el papel de la cantante y acriz Dorothy Dandridge. El personaje real, a pesar de haberse acercado a la cumbre del éxito (llegó a tener una nominación al Oscar) sufrió continuas humillaciones por ser afroamericana. Murió a causa de una sobredosis de antidepresivos a la edad de 42 años. La parte buena de todo esto es que el vídeo muestra cómo la indiferencia de los demás es perfectamente superable. Amigos, de rendirse, nada, pero lo que se dice nada de nada. No te plantees en superar al prójimo, sino a ti mismo.

La odiosidad es la cualidad de lo odioso, referido tanto a la misma disposición al odio como a la persona digna de odio (así se expresa el DRAE). Tal vez se tambalea el ilustre diccionario, ya que el odio es, según dicha obra, antipatía y aversión hacia alguien cuyo mal se desea, actitudes ambas distantes de lo que se suele entender como dignidad.

Sea como fuere, en una ocasión en que Dorothy Dandridge se encontraba alojada en un hotel de cinco estrellas en el que actuaba por las noches, bajó a la piscina a darse un baño. Un empleado le dijo que no estaba autorizada a estar allí por ser de raza negra. Ella, mordida por el desprecio, introdujo un pie en el agua de la piscina y salpicó al empleado. Inmediatamente, la piscina fue desalojada, desinfectada y rellenada con agua "limpia".

Es evidente que los odiosos fueron los empleados del hotel, pero fue Dandridge quien desempeñó, a su pesar, el rol de odiada, y debemos entender que por esa misma razón era de lo más natural que sumase ese rol al de una persona  que necesariamente sentiría antipatía y aversión hacia otras personas cuyo mal desearía, En otras palabras, se vería contaminada por el odio.

¿Cómo ponerse a salvo de tamaña injusticia? Fue Eleanor Roosvelt quien en una de sus famosas frases sentenció: "Nadie puede humillarte sin tu permiso". En el mismo sentido, el psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de los campos de exterminio nazi, argumentaba de manera similar la necesidad de mantenerse al margen del efecto que las continuas humillaciones de los carceleros pretendían causar en los presos, siendo la voluntad de sobrevivir la herramienta necesaria para reducir a la nada el supuesto poder de la odiosidad con la se buscaba humillarles (tras la guerra Frankl aplicó este principio como terapia para determinadas categorías de trastornos psicológicos).

Si en algún momento usted se siente en su vida diaria como una diana de la odiosidad, eche un vistazo al magnífico librito de divulgación de Barbara Berckan titulado Cómo defenderse de los ataques verbales, sobre todo en la parte en la que sugiere que se construya una especie de "escudo mental" para que los ataques de la gente odiosa "le resbalen". Seguro que le encantará.


www.josehermida.com


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