miércoles, 9 de diciembre de 2015

El elogio de la brutalidad y la traición en la publicidad.

Imagen del periodista Jesús Vázquez en su spot de concienciación
sobre el drama del acoso escolar (cuatro.com).  Por otra parte, y según 
datos del INE 499 menores de 18 años fueron maltratadas en 2013. El abuso
ejercido sobre las personas indefensas es estimulado al presentar la malevolencia,
la violencia y la traición como "habilidades resolutivas".

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Las buenas intenciones como las de Jesús Vázquez pueden verse comprometidas por la tendencia actual a identificar "éxito" con "crueldad". La manipulación de las personas es contemplada por no pocas empresas como un valor con el que conviene sintonizar. La astucia, el engaño y la defección se presentan en algunos spots publicitarios como auténticos valores y no como defectos morales. En las imágenes del anuncio podemos comprobar como la violencia se aplica tanto sobre mujeres como hombres y se celebra de manera cómica, o más bien despectiva, tanto a nivel físico como psicológico.

Veamos el ejemplo de Marc Márquez en la serie de anuncios de Danet:

Un miembro del equipo de Marc, aludiendo al valor de la amistad
le roba el Danet que el piloto iba saborear en ese momento.

Un admirador de Marc pide a éste un autógrafo
y de paso también le roba el Danet.

Una chica guapísima, aprovechándose precisamente de
que es guapísima, engaña a Marc y le birla una vez más el Danet 
al campeón. En la última versión del anuncio será la irresponsabilidad 
del propìo  Marc Márquez la que arruinará la grabación del anuncio, 
debido a un supuesto irremediable egoísmo que le impide hacerse
cargo de su responsabilidad como prescriptor de la marca. Todos sin excepción,
de una u otra forma, mantienen un comportamiento ruin y torticero.


No menos estremecedor es el anuncio de La pizza Tarradellas:




La madre (quien ha estado sirviendo la mesa y atendiendo a su marido e hijos durante todo el tiempo) termina por quedarse sin siquiera un pedazo de pizza y al final consigue un mísero fragmento del último resto, eso sí, tras haberse enfrentado a su marido.

Pero hay más. Vean si no al anuncio de Kinder Bueno:


En la estantería del supermercado solamente queda un Kinder Bueno. La anciana, aludiendo a su baja estatura, señala un producto (que  realmente no le interesa) a fin de que un muchacho que estaba a punto de hacerse con el Kinder, se descuide al intentar ayudarla, con lo que la anciana se apodera de la golosina y se lanza a la fuga. Las ancianas, tradicionales custodias de los valores morales, ven aquí celebrada su falta de moralidad. 

La violencia física también hace acto de presencia en el campo de los seguros:

Un individuo es golpeado salvajemente por un puño gigantesco debido a que no
ha elegido, según el criterio de los anunciantes, el "seguro correcto".


El impacto del puñetazo lo lanza contra una estantería y el 
hombre se golpea contra el suelo tras destruir el mueble. Delicado, ¿eh?

Y como píldora final, un hombre que no acierta a usar correctamente la lavadora es secuestrado y expulsado de su hogar a petición de su propia esposa, quien se libra de él requiriendo a unos matones que "se lo cambien" por otro individuo "más competente":



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Es sabido que las agencias de publicidad no tienen la obligación moral ni formal de "educar" a sus audiencias. Lo que el cliente les exige es que "sintonicen" con los deseos de los compradores potenciales. 

Si los creativos de los anuncios anteriores realmente han identificado la sintonía correcta, lo más probable es que este mundo no tenga arreglo de ningún tipo.

4 comentarios:

  1. Hermida siempre tan oportuno. abrazos desde Puertollano

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  2. Completamente deacuerdo con tu post y cándidamente ilusionado en poder demostrarte que tu falta de fe en la raza humana, es totalmente infundada, mientras influido por estos y otros edificantes anuncios, robo caramelos a los niños y atraco ancianitas con "sabor boquerón" desde Fuensalida.

    Atentamente tu díscolo discípulo. ;)

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  3. Asaz díscolo, ciertamente. Admito mi falta de fe en la especie a la que nos referimos, no siendo yo menos cándido, pues pretendo su definitiva redención (mi humildad es desbordante, tal como llegué a comentar un día en clase). Te envío un emocionado abrazo.

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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