miércoles, 16 de diciembre de 2015

La Clínica del Rumor o la importancia de medir las palabras


La "Clínica del Rumor" fue una estrategia surgida en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial valiéndose del apoyo de los medios de comunicación. El propósito consistía en neutralizar los numerosos rumores que contaminaban a la opinión pública con motivo de la guerra.

Los rumores tienen la mala costumbre de mostrar una tendencia pesimista. ¿Acaso le ha llegado a usted alguna vez un rumor que proclame que en el futuro seremos más felices, se hará la paz y el mundo será más justo? Lo más probable es que no.

Hoy en día la Clínica del Rumor se conoce en su versión lúdica de "El teléfono escacharrado". La diversión consiste en que una determinada información se va transmitiendo boca emisora a boca emisora  entre los miembros de un grupo, dando como resultado que el último emisor de la cadena termina por transmitir un mensaje disparatado que nada tiene que ver con el inicial, provocando así las carcajadas de los presentes.

Con los pactos electorales viene a suceder lo mismo: rumor de tres partidos contra uno, rumor de dos partidos contra dos (o tres) y rumor de nueva convocatoria electoral. Lo curioso es que nunca se llega a conocer con precisión la fuente original del rumor. ¿Por qué? Porque los rumores no siempre obedecen a razones estratégicas, mientras que las amenazas sí que se formulan por portavoces acreditados: "Si gana Fulano aumentará (o bajará) los impuestos", al tener una fuente identificada, sólo resulta convincente si Fulano es rival del portavoz en cuestión, o bien si Fulano forma parte de su tribu.

Sin embargo, los rumores que surgen espontáneamente por efecto del Teléfono Escacharrado, aportan una credibilidad mucho mayor porque quien recibe el mensaje no se vincula emocionalmente ni con Fulano, ni con ninguna otra posición o creencia.

Lo malo de todo esto es que las posibilidades de que. tanto el rumor emitido de forma interesada por un portavoz como el generado por el pueblo llano, no aportan ni una pizca de luz para que cada cual se forme su libre opinión y todo termina siendo como buscar un gato negro en una habitación a oscuras.

Pero un gato negro que está en otra parte.





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