viernes, 11 de diciembre de 2015

Tener libertad o simular tenerla.


Es posible que usted se haya sentido escandalizado por el título de este post. En realidad se trata de todo lo contrario de lo que el texto parece sugerir El verdadero título debería haber sido: ¿Le gusta a usted que le manipulen?

Ante una pregunta así, lo más probable es que el primer impulso de cualquier persona consista en responder: "No, no me gusta que me manipulen", y en efecto, muchas personas creen sinceramente que no les gusta que les hagan semejante cosa; entonces, ¿por qué se dejan manipular a diario?

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De hecho, si preguntamos a esas personas por qué no les gusta que les manipulen, observaremos que les lleva algo de tiempo encontrar las palabras que justifiquen su opinión. Y puede que incluso no lleguen a encontrar esas palabras. Si esto último tiene lugar, que no nos quepa ninguna duda: son personas ya debidamente manipuladas; lo único que sucede es que sus egos les exigen el tributo de una mentira redentora: la simulación de la libertad de elección.


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La manipulación efectiva de los seres humanos, de sus deseos insatisfechos, miedos o ambiciones exige tres requisitos ineludibles:

UNO.- La persona tiene que percibir la manipulación de la que es víctima como un beneficio.
DOS.- El manipulador debe conocer a fondo al manipulado. El universo Big Data pone a disposición del primero el Relato de la Realidad más convincente para prácticamente cada persona conectada a la "información" (redes sociales, tópicos de tendencia, TV y los demás medios de comunicación). El Relato de la Realidad no tiene por qué coincidir con la Realidad propiamente dicha, más bien tiene que ser lo contrario.
TRES.-  El manipulado tiene que empezar a ser feliz inmediatamente, incluso antes de estar en posesión del producto o el servicio que el manipulador le ofrece. En esta contradicción, aparentemente imposible de resolver, reside la esencia de la manipulación efectiva: el manipulado tiene que colaborar con el manipulador para que la abducción de la personalidad del primero tenga lugar.
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¿Le preocupa lo que le estoy contando? No tiene por qué. Cada uno de los tres requisitos anteriores quedarán neutralizados si usted se hace a sí mismo, y de forma secuencial, estas tres preguntas:

                    PRIMERA: ¿Qué perdería o ganaría si rechazase lo que me están ofreciendo?
                    SEGUNDA: ¿Quién conoce mejor a su interlocutor? ¿Él a mí o yo a él?
                    TERCERA: ¿Quiero ser libre o fingir que lo soy?

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