sábado, 23 de enero de 2016

Acosadores, hipócritas y heces humanas

En el mes de junio de 2004 la audiencia provincial de Hildesheim (Alemania)
condenó a tres alumnos de formación profesional por coacciones y maltrato físico y psicológico a un compañero. Entre otras lindezas, le obligaron a comer tizas y colillas. Los tres delincuentes fueron condenados a 18 meses de prisión sin libertad condicional. En este post se explica por qué la tolerancia es una repugnante versión de la cobardía y de la falta de valores.

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La estremecedora carta de despedida de Diego a sus padres el martes pasado antes de dirigirse hacia la ventana del domicilio familiar, un quinto piso ("Papá, tú siempre has sido muy bueno conmigo,,,") a continuación, asomarse al vacío ("Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios...") y echar un vistazo a la vida por última vez ("...ya no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor, espero que algún día podáis odiarme un poquito menos...") y dos segundos más tarde, el impacto contra el suelo, esas líneas, de renglones horizontales, aparentemente serenos, pero surcados por espacios vacíos que los grafólogos señalan como reflejo de la angustia ("...os pido que no os separéis, mamá y papá...").

Dígame, ¿cree de verdad que todo esto no tiene nada que ver con usted? Respóndame: ¿ha acosado alguna vez a alguien? Por supuesto que me va a decir que no. Usted nunca se ha burlado de otra persona, nunca ha formado parte de una jauría humana, nunca, nunca, nunca ha participado en la humillación de otro ser humano, y cuando ha visto que otra persona era vejada, siempre, siempre, siempre ha salido en su defensa. ¿A que sí?

Usted ha mantenido ese justo y respetable comportamiento a lo largo de todos y cada uno de los momentos de su vida. Jamás ha reprochado a nadie un error, antes al contrario, usted se ha desvivido por ayudarle a enmendarlo, ¿verdad? ¡Por supuesto!. Nunca ha fantaseado con la venganza, ni con el poder, ni con la buena suerte, ni con un mundo más feliz para usted. Siempre ha contemplado la felicidad como un bien colectivo, nunca, nunca,nunca como un bien exclusivamente personal.. Nunca se ha aprovechado de una persona más débil que usted.

Le felicito.
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Tras la detención y condena de los condenados de Hildesheim, las fotos (a centenares) que se tomaron de las vejaciones de las que fue objeto la víctima siguieron circulando por las redes sociales durante años. ¿No cree usted que toda esa gentuza debería ocupar las celdas vecinas a las de los tres mamarrachos de la foto con la que se abre este post?

Los primeros estudios sobre acoso escolar se iniciaron en la década de los años ochenta del siglo pasado, por cierto, coincidiendo en el tiempo con la equiparación de la "inteligencia" con la "maldad" en el mundo de la publicidad (pueden consultar mi post "El elogio de la brutalidad en la publicidad").

Ahora bien, ¿le han acosado alguna vez a usted? ¿en el trabajo? ¿en la vía pública? ¿en el colegio? ¿en la universidad? ¿en su propia pandilla? ¿por desconocidos?

Todo esto nos lleva a la Gran Pregunta: si alguna vez se vio en una situación así, ¿qué diablos fue lo que hizo para defenderse?

Vaya pensando en ello, porque el próximo lunes volveré con el mismo tema.


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