jueves, 7 de enero de 2016

La Adicción al Fracaso


En la imagen, una joven camina sobre brasas incandescentes. El autor de este post
vivió esta misma experiencia en el monasterio de San Juan de la Cruz (Segovia, España).
Esta técnica se aplica en cursos de motivación e incluso en el tratamiento de adicciones.

En cierta ocasión la revista Mercado me encargó un reportaje sobre un curso de PNL (programación neurolingüística) que iba a ser impartido en el convento de los Padres Carmelitas Descalzos de Segovia.

El profesor del curso me invitó a participar como un alumno más y a pasar la noche en el convento, oferta que acepté sin pensármelo dos veces. 

El curso duraba seis horas distribuidas en sesiones de 55 minutos, con cinco minutos de descanso entre ellas que en realidad se utilizaban para ir, en el primer descanso, a ver la leña que se había apilado en el huerto de los monjes. En el segundo descanso nos llevaron a contemplar durante unos escasos minutos la misma leña, a la que ya alguien le había prendido fuego, y así sucesivamente hasta que, ya cerrada la noche, y concluida la parte teórica, nos mostraron el reto que nos aguardaba: caminar descalzos sobre un pasillo incandescente a  más de 500 grados centígrados de temperatura. Era noche cerrada y un escalofrío recorrió mi espalda ante aquel espectáculo de llamas anaranjadas, rojas y levemente azuladas. Pensé: "¿En qué nuevo lío te has metido ahora?".

***

Pero acto seguido, la cosa fue a peor cuando el monitor nos entregó a los participantes un documento que debíamos firmar. Consistía en una declaración por nuestra parte en la que exonerábamos a la organización del curso de cualquier quemadura u otra lesión que la experiencia pudiera causarnos. Todos, menos dos personas firmamos el documento. E inmediatamente pensé: "¿Y ahora por qué no me largo inmediatamente de este lugar de chiflados antes de que sea demasiado tarde?". No me fui y la experiencia fue una de las mejores de toda mi vida.

Recuerdo que cuando me encontraba a mitad del pasillo de fuego, me asaltaron las dudas. En ese instante sentí los picotazos de algunas chispas que habían saltado por efecto de mis propios pasos, pero seguí caminando (¡no tenía otra posibilidad!) y llegué ileso al final del recorrido.

No tengo palabras para expresar la euforia que experimentamos todos los que habíamos cumplido con el ritual. Fue maravilloso.

Aunque entonces no lo sabía, acababa de superar la Adicción al Fracaso. Les prometo que mañana les contaré cómo se consigue eso. 

Aquí les espero. No se lo pierdan.






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