martes, 26 de enero de 2016

Mobbing político y corporativo: la dañina Cultura de la Humillación

En las dos entradas anteriores ("Acosadores e hipócritas" y "El acosador carece de valor") habíamos abordado el asunto del acoso escolar y de la oportunidad de bloquear los intentos de humillación a partir de los primeros indicios de la aparición de un escenario de bullying. Hoy nos centraremos en el incómodo tema de las vejaciones en el escenario de la política y de las organizaciones en general.

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Diversos estudios de Desarrollo Organizacional estiman que un 20% del tiempo del personal directivo y mandos intermedios se disipa a causa de los conflictos emocionales. Sostengo que ese tipo de conflictos, no relacionados directamente con las funciones productivas, son la consecuencia de la incompetencia de las personas (supervisores y supervisados) para orientar la energía personal hacia el logro (liderazgo y visibilidad del talento). En otras palabras, la causa es la torpeza para pensar de forma estratégica a fin de posicionar los mensajes en las mentes de los interlocutores-diana.

Los resultados de las últimas elecciones han puesto en un brete a los partidos políticos mayoritarios. La ciudadanía ha enviado un mensaje explícito: "lleguen ustedes a consensuar un Gobierno estable, que para eso les pagamos". Todo parece indicar que el mensaje no ha llegado a su destino. Una de las razones, posiblemente la única, es que bajo las preferencias políticas de cada partido se esconden motivaciones ocultas, incluso para quienes las poseen (o son poseídos por ellas). A esas motivaciones ocultas las denominamos "metapreferencias". Son de índole emocional y suponen una laimentación recurrente del conflicto, puesto que carecen de valor persuasivo persuasivo. Lo comentamos a continuación.

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La palabra "preferencia" refiere un objetivo que se pretende alcanzar en lugar de cualquier otro resultado o evento. Por ejemplo, en el escenario político, una preferencia, opinable, pero lógica, sería la de "deseo fulminar a mi rival político dado que el ideario de mi partido es opuesto al de esa persona". Por el contrario, una "metapreferencia" es la motivación real que puede subyacer bajo un aparente propósito racional, como por ejemplo, "lo que realmente deseo/prefiero es la humillación de mi rival para satisfacer mi deseo de venganza". El conflicto preferencia/metapreferencia no resulta resoluble por la sencilla razón de que es inconfesable por infantiloide.

A lo largo de las dos últimas semanas hemos visto una interesante sucesión de intentos de humillación política: 

1) La exigencia de la comparecencia para la investidura de un primer ministro en funciones a sabiendas de que el evento carecería por completo de sentido.
2) Los sutiles intentos de conducir a la humillación de un líder por parte de influyentes miembros de su propio partido exigiendo que se someta a un control o revisión de su relato político, indicando así que se desconfía de su liderazgo y capacidad.
3) La humillación consumada de un partido emergente despreciando a uno de sus rivales al imponer nada menos que un reparto de carteras ministeriales... cuando ni siquiera se ha formado Gobierno.

En una empresa próspera ya los habrían despedido a casi todos.



2 comentarios:

  1. No sé qué ve exactamente usted de humillación en una propuesta de gobierno que se ha hecho ante el jefe del Estado y los ciudadanos, que es a los que se les debe. Una propuesta, que por lo tanto puede ser debatida y consensuada, y no una imposición. Esto ya es más cosa de los ojos que miran, y de la pierna con la que se cojea.

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  2. No tiene entrañas políticas, sino actitudinales. Observe la importancia que se está dando a la forma más que al fondo al que convendría prestar atención en todo este embrollo, Fíjese en que usted mismo, en su alusión a los ojos y las piernas revela un sesgo cognitivo a propósito del posicionamiento del autor del post. No hay tal posicionamiento. Si tiene un momento para ello, lea usted los enlaces a las entradas que se mencionan en la primera línea del texto así como a la justificación de la reflexión con relación a la identificación de la preferencia/metapreferencia. De hecho, compruebe como en fecha de hoy se comenta (y es tendencia) la ubicación de los escaños de Podemos. ¿Qué cree usted que se ha pretendido con esta imposición? ¿Acaso un halago? Por supuesto que no. La intención es harto explícita.

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