martes, 15 de marzo de 2016

Ángel Baltasar: cuando el rey va totalmente vestido

La Torre de la Igualdad, instalación del artista Ángel Baltasar. La pieza tiene ocho metros de altura y está formada por tiras de lienzo sobre una estructura plana de tablero ensamblado. Cubierta por textos del propio artista, la disposición en ángulo de los renglones generan la impresión tridimensional en un perfecto trampantojo de significantes. Se construyó dentro de una nave rural y después fue desmontada y vuelta a montar para su exhibición pública. Se trabajó en equipo a lo largo de todo el proceso de montaje (pintura, cortes, ensamblajes...) y se utilizó un elevador para que Baltasar, en su silla de ruedas, pudiese desplazarse a lo largo del total de la superficie de la obra. Pueden seguir todo el fascinante proceso de la construcción en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=t_ru__Ou2uA

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"Todo lo que pueda ser considerado como arte
tiene un componente de rendención"
                                                                                          Raymond Chandler
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Tuve la oportunidad de conocer a Ángel en el primer encuentro de Intergeneracional C+, en el Madrid International LAB organizado por DivinaTierra (Rocío Royo & Silvia Gómez Cisneros) y mYmo (Eleonora Barone). Hubo debate: dos de los ponentes se mostraron partidarios de asumir la instalación de Wilfredo Prieto en Arco del año pasado y consistente en un vaso de agua medio lleno, ya saben, o medio vacío (¿comprenden la profundidad del mensaje?) como una pieza de arte. Me abstuve de subir al escenario y sacudirles un poco (estoy mejorando con el paso de los años) pero intervine citando El traje nuevo del emperador, de Andersen, relato en el que dos estafadores tejen el nuevo traje del monarca con un supuesto hilo invisible, con lo cual, el infeliz monarca sale al desfile en pelota picada. El cuento es origen indio; distintas versiones árabes del mismo confluyeron en Toledo en el siglo XIII y Alfonso X coordinó su versión al castellano, extendiéndose después por toda Europa. Ardensen lo contó de forma muy amena (fue una de mis primeras lecturas infantiles).

Es cierto que yo había simpatizado desde el principio con Ángel Baltasar y que sus anzuelos fueron sus conceptos de arte y de libertad, al parecer posiblemente tenidos como outdated por los contertulios aficionados a los vasos a medio llenar. Muchos artistas han tenido que sufrir en algún momento semejante acusación (Bach, por ejemplo). La lista es larga.

Terminado el evento charlé unos instantes con Baltasar. Me corrigió acertadamente, al citar la correspondencia con Theo (el marchante hermano de Van Gogh) una errónea opinión mía sobre la prescindible conciencia del artista a la hora de concebir y ejecutar su obra, lección que agradezco y que me aplico.

Una experiencia magnífica.

Como comprenderán, evito ilustrar esta entrada con la imagen de un vaso. Por la sencilla razón de que el vaso está vacío, contenga agua o no.
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