miércoles, 27 de abril de 2016

Política: ¿Negociar a grito limpio? Menuda idiotez.



Una cosa es decir lo que se piensa y otra pensar lo que se va a decir. Palabras inadecuadas generan realidades catastróficas. Imagínense un diálogo mantenido entre una persona que quiere vender un diminuto apartamento en mal estado en una paupérrima zona de extrarradio  y un potencial comprador en donde la supuesta negociación transcurre en estos términos:

VENDEDOR.- No me haga perder el tiempo. ¿Se queda con el apartamento o no?
COMPRADOR.- Oiga, las cosas hay que hacerlas con calma, y se ve que usted de eso no tiene ni idea.
VENDEDOR.- Eso que acaba de decir es una estupidez.
COMPRADOR.- Y usted es un indecente y además un sinvergüenza ¿es que no tiene ojos en la cara?
VENDEDOR.- ¡Degenerado!
COMPRADOR.- ¡Ruín!. ¡Mezquino!. ¡Deleznable!

Es fácil comprender que ninguna de las dos partes podría llegar a un acuerdo beneficioso.

Desde el pasado diciembre los políticos se han intercambiado insultos de una forma realmente estúpida, ingenua, improductiva y mutuamente destructora de credibilidad en una sucesión de intentos de voladura del adversario cuya metralla ha machacado tanto al detonante como al detonado, acarreando consecuencias:

1) La pérdida de confiabilidad pública
2) La pérdida de confiabilidad en el seno de sus respectivos partidos. 

En una anterior entrada titulada El puente de los espías, habíamos comentado cómo se lidera un proceso de negociación inteligente. El metodo ha ido redactado por profesores de la Harvard Business School. Resumimos a continuación los puntos básicos:

1. Separe a las personas del problema, NO LOS MEZCLE o generará más problemas.

2. No discuta sobre las posiciones, SINO SOBRE LAS VENTAJAS.

3. Enfoque la energía hacia sus objetivos, NO LAS GASTE TRATANDO DE PERJUDICAR A LA         OTRA PARTE.

4. No regatee, NEGOCIE.
Si nos fijamos, desde el pasado mes de diciembre todos los líderes políticos con influencia mediática se han intercambiado reproches, acusaciones de incompetencia e incluso insultos conculcando las cuatro reglas anteriores de forma escandalosa:

ERROR Nº 1.- Argumentaban sus propuestas acusando a la contraparte (en el arte oratorio esto se conoce como argumento ad hominem), con lo que lo único que se consigue es enardecer a la otra persona, a uno mismo y a la feligresía en general, bloqueando así todo posible acuerdo.
ERROR Nº 2.- Presentaban enfoques, pero sin explicar, ni al rival ni a la feligresía por qué eran los más convenientes. Tan sólo recurrían a la fe: "lo mío es mejor que lo tuyo, estúpido, Créelo de una maldita vez."
ERROR Nº 3.- Trataban de impedir que "el otro se saliese con la suya" siempre en función de un escenario dominado por un sesgo cognitivo basado en la creencia de que el término medio no es más que una ilusión óptica.
ERROR Nº 4.- Todas las propuestas (y no todos plantearon propuestas) se basaban en el regateo,  no en la negociación en sentido estricto, como niños intercambiando cromos de futbolistas de la Liga de los años cincuenta del siglo pasado ("te cambio tres propuestas de Kubala por un cromo de Di Stéfano").

Madre mía.

De aquí a junio queda mes y pico. ¿No podrían ir a un cursillo de negociación de tan sólo una semana de duración en sesiones nocturnas? (propongo que sean nocturnas para que puedan aprovechar el día para insultarse, reprocharse, maldecirse y perjudicarse a ellos mismos y, ya de paso, a toda la feligresía en general).




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