martes, 31 de mayo de 2016

A las palabras las carga el diablo. Mucho cuidado con lo que decimos


Las palabras pueden crear realidades paralelas capaces de condicionar lo que los demás perciben de nuestra personalidad. El mayor peligro se encuentra en los adjetivos con los que nos adjudicamos a   nosotros mismos. Ejemplos:

"Tenacidad" no es sinónimo de "tozudez", "valentía" tampoco lo es de "insensatez" y desde luego, "inteligencia" no tiene gran cosa que ver con "astucia" (la astucia es el último recurso de los desamparados por la inteligencia).

Si nos describimos con excesiva humildad, el desastre está asegurado. Si además nos castigamos con palabras peyorativas, nuestro talento irá a parar a la basura. El éxito no es cuestión de término medio, sino de objetividad.

Y más: A las palabras las carga el diablo, pueden creerlo. "convincente" no significa "falaz" ni "honradez" equivale a "ingenuidad".

Apliquemos a nuestras virtudes y defectos los adjetivos apropiados. De no hacerlo así, comprometeremos nuestra credibilidad y nuestra autoestima, y eso no parece ser demasiado saludable, damas y caballeros.

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