martes, 26 de enero de 2016

Mobbing político y corporativo: la dañina Cultura de la Humillación

En las dos entradas anteriores ("Acosadores e hipócritas" y "El acosador carece de valor") habíamos abordado el asunto del acoso escolar y de la oportunidad de bloquear los intentos de humillación a partir de los primeros indicios de la aparición de un escenario de bullying. Hoy nos centraremos en el incómodo tema de las vejaciones en el escenario de la política y de las organizaciones en general.

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Diversos estudios de Desarrollo Organizacional estiman que un 20% del tiempo del personal directivo y mandos intermedios se disipa a causa de los conflictos emocionales. Sostengo que ese tipo de conflictos, no relacionados directamente con las funciones productivas, son la consecuencia de la incompetencia de las personas (supervisores y supervisados) para orientar la energía personal hacia el logro (liderazgo y visibilidad del talento). En otras palabras, la causa es la torpeza para pensar de forma estratégica a fin de posicionar los mensajes en las mentes de los interlocutores-diana.

Los resultados de las últimas elecciones han puesto en un brete a los partidos políticos mayoritarios. La ciudadanía ha enviado un mensaje explícito: "lleguen ustedes a consensuar un Gobierno estable, que para eso les pagamos". Todo parece indicar que el mensaje no ha llegado a su destino. Una de las razones, posiblemente la única, es que bajo las preferencias políticas de cada partido se esconden motivaciones ocultas, incluso para quienes las poseen (o son poseídos por ellas). A esas motivaciones ocultas las denominamos "metapreferencias". Son de índole emocional y suponen una laimentación recurrente del conflicto, puesto que carecen de valor persuasivo persuasivo. Lo comentamos a continuación.

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La palabra "preferencia" refiere un objetivo que se pretende alcanzar en lugar de cualquier otro resultado o evento. Por ejemplo, en el escenario político, una preferencia, opinable, pero lógica, sería la de "deseo fulminar a mi rival político dado que el ideario de mi partido es opuesto al de esa persona". Por el contrario, una "metapreferencia" es la motivación real que puede subyacer bajo un aparente propósito racional, como por ejemplo, "lo que realmente deseo/prefiero es la humillación de mi rival para satisfacer mi deseo de venganza". El conflicto preferencia/metapreferencia no resulta resoluble por la sencilla razón de que es inconfesable por infantiloide.

A lo largo de las dos últimas semanas hemos visto una interesante sucesión de intentos de humillación política: 

1) La exigencia de la comparecencia para la investidura de un primer ministro en funciones a sabiendas de que el evento carecería por completo de sentido.
2) Los sutiles intentos de conducir a la humillación de un líder por parte de influyentes miembros de su propio partido exigiendo que se someta a un control o revisión de su relato político, indicando así que se desconfía de su liderazgo y capacidad.
3) La humillación consumada de un partido emergente despreciando a uno de sus rivales al imponer nada menos que un reparto de carteras ministeriales... cuando ni siquiera se ha formado Gobierno.

En una empresa próspera ya los habrían despedido a casi todos.



domingo, 24 de enero de 2016

Bullying: quien carece de valor no es el acosado, es el acosador. Tres conclusiones.

El  Bullying no está solamente en la escuela. Lo puedes encontrar 
en tu trabajo, en la Universidad, en tu equipo deportivo, en tu partido político...
o en tu propia familia.

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El primer estudio científico sobre el bullying se llevó a cabo en la Universidad de Bergen (Noruega) impulsado por el psicólogo Dan Olwens, quien fue el primero en exponer que lo que ahora llamamos bullying no era otra cosa sino un recurso para valorarse frente a los más débiles.

En otras palabras, el acosador carece de valor, en todos los sentidos. La profesora del departamento de psicología de la Univesidad Ludwing-Maximilian de Múnich, Mechthild Schäfer, opina que el acoso "prospera en entornos muy jerarquizados en los que el dominio y la fuerza son considerados la medida del valor social de cada uno" (cárceles, cuarteles). Traducción: el acosador se siente acosado por el sistema en el que se encuentra (incapacidad intelectual, incompetencia profesional, restricciones intelectivas) y busca una compensación: encontrar a alguien todavía más débil que él (¡o ella!).
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El tema del diabólico eje dominación/sumisión lo abordé tangencialmene en La estrategia de la Mentira, y cuando publiqué Hablar sin palabras me ocupé de dejar claro desde el principio que se trataba de un libro de combate y no de un "ameno ensayo de comunicación no verbal". En El Clan de los Sueños Fértiles me ocupé de estructurar una caja de herramientas para neutralizar los intentos de dominación del projimo.

Tal vez, con relación a ese combate, a usted le interese conocer las tres conclusiones más relevantes del trabajo de Dan Olwens sobre el bullying:

1. Los acosadores son más apreciados por sus compañeros. En cambio, las víctimas no suscitan la menor simpatía.
2. Las víctimas terminan por aferrarse a su propio papel de víctimas y lo arrastran durante el resto de sus vidas. 
3. Las víctimas de acoso acostumbran a presentar problemas para mostrar un comportamiento de seguridad ante sus interlocutores.

Por favor, de todo lo que antecede, quédese con esto: 

EL ACOSADOR CARECE DE VALOR. USTED ES LA ÚNICA PERSONA QUE SE LO PUEDE APORTAR. ABSTÉNGASE DE COLABORAR.

En resumidas cuentas, véase como usted mismo es, no como quien le fuerzan a ser. Tal vez usted tenga superpoderes, tal vez no. Da igual. Sea usted mismo.

Jose Hermida


sábado, 23 de enero de 2016

Acosadores, hipócritas y heces humanas

En el mes de junio de 2004 la audiencia provincial de Hildesheim (Alemania)
condenó a tres alumnos de formación profesional por coacciones y maltrato físico y psicológico a un compañero. Entre otras lindezas, le obligaron a comer tizas y colillas. Los tres delincuentes fueron condenados a 18 meses de prisión sin libertad condicional. En este post se explica por qué la tolerancia es una repugnante versión de la cobardía y de la falta de valores.

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La estremecedora carta de despedida de Diego a sus padres el martes pasado antes de dirigirse hacia la ventana del domicilio familiar, un quinto piso ("Papá, tú siempre has sido muy bueno conmigo,,,") a continuación, asomarse al vacío ("Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios...") y echar un vistazo a la vida por última vez ("...ya no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor, espero que algún día podáis odiarme un poquito menos...") y dos segundos más tarde, el impacto contra el suelo, esas líneas, de renglones horizontales, aparentemente serenos, pero surcados por espacios vacíos que los grafólogos señalan como reflejo de la angustia ("...os pido que no os separéis, mamá y papá...").

Dígame, ¿cree de verdad que todo esto no tiene nada que ver con usted? Respóndame: ¿ha acosado alguna vez a alguien? Por supuesto que me va a decir que no. Usted nunca se ha burlado de otra persona, nunca ha formado parte de una jauría humana, nunca, nunca, nunca ha participado en la humillación de otro ser humano, y cuando ha visto que otra persona era vejada, siempre, siempre, siempre ha salido en su defensa. ¿A que sí?

Usted ha mantenido ese justo y respetable comportamiento a lo largo de todos y cada uno de los momentos de su vida. Jamás ha reprochado a nadie un error, antes al contrario, usted se ha desvivido por ayudarle a enmendarlo, ¿verdad? ¡Por supuesto!. Nunca ha fantaseado con la venganza, ni con el poder, ni con la buena suerte, ni con un mundo más feliz para usted. Siempre ha contemplado la felicidad como un bien colectivo, nunca, nunca,nunca como un bien exclusivamente personal.. Nunca se ha aprovechado de una persona más débil que usted.

Le felicito.
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Tras la detención y condena de los condenados de Hildesheim, las fotos (a centenares) que se tomaron de las vejaciones de las que fue objeto la víctima siguieron circulando por las redes sociales durante años. ¿No cree usted que toda esa gentuza debería ocupar las celdas vecinas a las de los tres mamarrachos de la foto con la que se abre este post?

Los primeros estudios sobre acoso escolar se iniciaron en la década de los años ochenta del siglo pasado, por cierto, coincidiendo en el tiempo con la equiparación de la "inteligencia" con la "maldad" en el mundo de la publicidad (pueden consultar mi post "El elogio de la brutalidad en la publicidad").

Ahora bien, ¿le han acosado alguna vez a usted? ¿en el trabajo? ¿en la vía pública? ¿en el colegio? ¿en la universidad? ¿en su propia pandilla? ¿por desconocidos?

Todo esto nos lleva a la Gran Pregunta: si alguna vez se vio en una situación así, ¿qué diablos fue lo que hizo para defenderse?

Vaya pensando en ello, porque el próximo lunes volveré con el mismo tema.


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viernes, 15 de enero de 2016

Rastas y coletas: entregando la propia munición al enemigo

Domenico Modugno, posiblemente el cantante italiano
más popular. Fue diputado hasta 1992 y montó un entrañable
escándalo con su guitarra en el curso de una sesión parlamentaria.

Creo recordar que el escándalo más significado de los diputados del Partito Radicale italiano tuvo lugar cuando un buen número de sus señorías se hicieron unos porros y a continuación se los fumaron en plena sesión parlamentaria. Eso sucedió a finales de la década de los ochenta.

La otra escandalera, si bien de índole menos tóxica, llamó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo cuando el cantante, actor y diputado Domenico Modugno se llevó una guitarra a su escaño y, a coro con el resto de los diputados de su partido, interpretaron el tema Nel blu dipinto de blu, que en España se suele recordar como "Volare" y que, años más tarde se convertiría en el himno no oficial del Partido Radical (la canción ya era más que famosa por aquel entonces, porque Modugno la había interpretado en el Festival de San Remo de 1958, habiendo quedado clasificado en tercer lugar).

Ustedes no van a ver nada similar a aquellas travesuras en el Congreso de los Diputados. Les gustarán o les dejarán de gustar los propósitos de Podemos, pero el relato político de la formación es coherente con su propia ideología. No es momento para epigramas y mucho menos para puyas que terminar por resultar autopunitivas.

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Al ironizar sobre las apariencias en lugar de plantearse con seriedad el fondo de las cuestiones, lo que se consigue es dotar de munición al rival, al cual le bastará con mirar por encima del hombro y sonreír ligeramente, reforzando así su propia posición y perjudicando la del atacante.

Decir lo que se piensa está bien. Pero pensar lo que se va a decir, y para qué se va a decir, está mucho mejor.


lunes, 11 de enero de 2016

Adicción al Fracaso frente al Éxito Diario. Ciencia y aplicación práctica.

Cada día se nos presenta la oportunidad de por lo menos una
pizca de éxito, pero pocas veces nos damos cuenta de ello.

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Este artículo ofrece algunas sugerencias prácticas para el uso e integración del concepto de Experiencia Cumbre del psiquiatra Abraham Maslow (http://tinyurl.com/jenpsvp) en el trabajo terapéutico de las adicciones, no necesariamente tóxicas, sino entendidas como "malos hábitos" (personales o sociales) o incluso autopunitivos. El autor de esta serie de tres posts postula dos tipos de Experiencias Cumbre: 

E.C. de Tipo 1) Las que surgen a partir de una eventualidad (por ejemplo, una catástrofe que exige una respuesta arriesgada coronada por el éxito).
E.C. de Tipo 2) Aquellas en las que la persona participa por efecto del ejercicio de su propia voluntad (el desarrollo de un proyecto, la lucha contra una enfermedad, la superación de una tara personal o la ayuda a terceras personas, entre cientos de otras posibilidades). Este post hace referencia a este segundo tipo de Experiencia Cumbre



Diversos estudios han venido a demostrar que el modelo médico en el tratamiento de las adicciones pone énfasis en la patología, utilizando un lenguaje impersonal y con frecuencia con subestimación tanto de la enfermedad como del paciente, teniendo poca utilidad clínica, ya que en el tratamiento de la adicción la pasividad del paciente obstaculiza el avance terapéutico. 

En su libro "  "Youthful peak-experiences in cross-cultural perspective: implications for educators and counselors" ("Las experiencias cumbre en jóvenes desde una perspectiva transcultural") de los doctores Edward Hoffman y Fernando A. Ruiz de las universidades de Yeshiva, N. York y de Alliant (California) respectivamente han propuesto la aplicación de la Experiencia Cumbre basado en el concepto de la auto realización personal, absolutamente ajeno al concepto de "autoayuda", como se le suele atribuir erróneamente. Maslow afirmó que las experiencias cumbre impulsaban y sostenían el bienestar mental.


Ejemplos de Experiencia Cumbre:
  • Pérdida temporal del miedo, ansiedad, incertidumbre y confusión. Lo más sobresaliente es la pérdida del miedo, que correspondía a una ganancia de lo que Alfred Adler llama "el valor para cambiar" (Adler, 1998).
  • Resolución y transcendencia de las dicotomías, polaridades y conflictos de la vida. Es decir, las situaciones que parecían "blanco y negro" se convertían en algo que podía ser resuelto y capaz de ser integrado.
  • Obtención de un sentido más amplio de la habilidad personal para actuar en el mundo y tomar responsabilidad de uno mismo y de otras personas en vez de estancarse en la pasividad.
  • Aprender que la felicidad y la alegría realmente existen, y que al menos, en principio, son accesibles. Como corolario, uno aprende que la vida personalmente vale la pena y es hermosa.
  • Sentirse afortunado y lleno de gracia. Es decir, uno generalmente siente gratitud intensa. Lo que emana de este impulso es hacer algo bueno por el mundo: un deseo de devolver algo al mundo de alguna manera y, a veces, un deseo de compromiso y de dedicación (Maslow, 1959).
Durante las experiencias cumbre los individuos a menudo tienen la sensación de percibir su vida como desde "una gran cima", y poseen un sentido extraordinario de claridad y perspicacia. Algunas personas que lo han experimentado refieren haber tenido una "experiencia religiosa".

Como científico, Maslow prefirió calificarlas como fenómenos mentales naturales activados por situaciones específicas en la vida cotidiana (Maslow, 1964) aunque respetó todas las opiniones. Lo importante era la curación del paciente, no la discusión ideológica ajena a la visión científica. 


Cómo obtener experiencias cumbre

En el primer post de esta serie de tres artículos, tuve ocasión de explicar mi propia experiencia en una sesión de PNL (programación neurolingüística) en la que junto a otras diecisiete personas caminamos con los pies descalzos sobre un pasillo de brasas al rojo vivo sin sufrir lesiones de ningún tipo. Un seguimiento posterior en reuniones con los participantes demostró que muchos de ellos habían perdido el "impulso" de la experiencia y habían regresado a sus estados de ánimo anteriores.

A partir de entonces he venido desarrollando una metodología capaz de reproducir en laboratorio de formación "Experiencias Cumbre" cotidianas a fin de que el efecto de desvanecimiento de la actitud positiva no tenga lugar, tal como explico en mi libro Hablar sin palabras (Temas de Hoy, 2010; 6ª ed). Los resultados indican que la continuidad de las experiencias cumbre Tipo 2, si tienen lugar con frecuencia aportan resultados positivos (anclaje y modelado). No obstante, el haber tenido una única experiencia cumbre y pretender que la felicidad y seguridad en uno mismo quedan ancladas es un propósito ingenuo.


Cada día ofrece una oportunidad de éxito. Por insignificante que sea es preciso verbalizarla e incorporarla a nuestro acerbo intelectual y emocional, puesto que en caso contrario la experiencia se diluirá en las rutinas, conflictos y decepciones cotidianas iniciando un camino de regreso al desorden emocional. El video, de cabecera de este post, grabado en 2010, explica esta estrategia del día-a-día del éxito.





Este post, cierra la serie de tres entregas publicadas sobre "La adicción al fracaso"  y "Los efectos perversos del desorden"
  
Asimismo pueden obtener información más extensa sobre este trabajo en el Portal de Periódicos Electrónicos de Psicologia - PePSIC (http://tinyurl.com/jux56lk) 

viernes, 8 de enero de 2016

La adicción al fracaso: los efectos perversos del desorden


En el post anterior (http://tinyurl.com/j7kdfm5) comenté la euforia que se puede llegar a sentir después de haber caminado sobre brasas al rojo vivo con los pies desnudos. Te sientes capaz de todo, invencible.

Sin embargo, un episodio aislado de valentía o un éxito intelectual, artístico o deportivo no tiene el poder mágico de anclar la experiencia, y por lo tanto la percepción positiva que una persona pueda tener de sí misma: si el éxito no se repite, y además, no se repite con un mínimo de frecuencia, la motivación da marcha atrás y vuelve a ponerse a los mismos niveles en los que se encontraba antes de la experiencia que había generado aquella euforia inicial (en el mundo físico sucede lo mismo: si no pedaleas, el impulso inicial llega a su fin y la bicicleta te tira al suelo).

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Puedes ir a la oficina en bici, pero lo más probable es que no puedas guardarla junto a tu mesa de trabajo. Tampoco podrás encender allí una fogata para darte un paseo por encima del fuego cuando te encuentres desanimado y necesites "cargar las pilas". 

Una de las lecturas verosímiles de las recaídas en el desánimo es la entropía. De forma coloquial este concepto termodinámico se describe asociándolo a la medición del desorden de un sistema (no es exactamente así, pero por el momento nos vale esta definición). Nuestros cuerpos, estados mentales y emociones son sistemas. Por ejemplo, un vaso de cristal es un sistema. Tiene forma tubular y es frágil; si actuamos descuidadamente  y el vaso cae al suelo podemos prever que lo más posible es que se fragmente en múltiples pedazos, pero la posibilidad de que esos fragmentos vuelvan a reconstruir el vaso por sí mismos es inexistente. 

Ahora piensen en la expresión "estoy hecho pedazos". La utilizamos cuando algo ha salido mal y "no nos sentimos con fuerzas" (fíjense en el asombroso poder descriptivo del lenguaje) para "volver a ponernos en  pie", es decir, para recuperar la función impulsora del entusiasmo. Al igual que en el ejemplo del vaso roto, lo que se nos exige es "ordenar nuestros pensamientos" (otra locución certera y fulminante),

La Naturaleza tiende a conducir las cosas hacia el mínimo estado de energía posible. La muerte es un buen ejemplo, y el desánimo (ausencia de ánimo, es decir, de vida, funciona a modo de una muerte parcial y  prematura). Cada fracaso en nuestras vidas es un pequeño simulacro de la muerte real, pero generalmente no lo percibimos como tal, sino que tendemos a atribuir los motivos de nuestras desgracias a los sistemas ajenos (la maldad o la incompetencia de otras personas y de otros sistemas) sin reflexionar cómo nuestra dejadez en la gestión de los asuntos cotidianos y personales, o incluso en los grandes asuntos (compromiso social, de grupo o político) hagan que "los fragmentos del vaso" no se recompongan milagrosamente. En otras palabras, nos quedamos sin energía para "hacer frente a la adicción al fracaso"

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Me he extendido en este post más de lo que tenía previsto. Lo cierto es que a medida que lo escribía me iba apasionando más con el tema, que pretendía concluir con unas escuetas recomendaciones de todo punto rigurosas y científicas sobre cómo liberarse definitivamente de la tentación de incurrir en el hábito del fracaso. Por ese motivo creo que de la tentación ante la que no me voy a resistir va a ser la de compartir con ustedes esas recomendaciones, que confío publicar aquí el próximo lunes.

Y prometo esforzarme por ser lo más breve posible. Buen fin de semana.








jueves, 7 de enero de 2016

La Adicción al Fracaso


En la imagen, una joven camina sobre brasas incandescentes. El autor de este post
vivió esta misma experiencia en el monasterio de San Juan de la Cruz (Segovia, España).
Esta técnica se aplica en cursos de motivación e incluso en el tratamiento de adicciones.

En cierta ocasión la revista Mercado me encargó un reportaje sobre un curso de PNL (programación neurolingüística) que iba a ser impartido en el convento de los Padres Carmelitas Descalzos de Segovia.

El profesor del curso me invitó a participar como un alumno más y a pasar la noche en el convento, oferta que acepté sin pensármelo dos veces. 

El curso duraba seis horas distribuidas en sesiones de 55 minutos, con cinco minutos de descanso entre ellas que en realidad se utilizaban para ir, en el primer descanso, a ver la leña que se había apilado en el huerto de los monjes. En el segundo descanso nos llevaron a contemplar durante unos escasos minutos la misma leña, a la que ya alguien le había prendido fuego, y así sucesivamente hasta que, ya cerrada la noche, y concluida la parte teórica, nos mostraron el reto que nos aguardaba: caminar descalzos sobre un pasillo incandescente a  más de 500 grados centígrados de temperatura. Era noche cerrada y un escalofrío recorrió mi espalda ante aquel espectáculo de llamas anaranjadas, rojas y levemente azuladas. Pensé: "¿En qué nuevo lío te has metido ahora?".

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Pero acto seguido, la cosa fue a peor cuando el monitor nos entregó a los participantes un documento que debíamos firmar. Consistía en una declaración por nuestra parte en la que exonerábamos a la organización del curso de cualquier quemadura u otra lesión que la experiencia pudiera causarnos. Todos, menos dos personas firmamos el documento. E inmediatamente pensé: "¿Y ahora por qué no me largo inmediatamente de este lugar de chiflados antes de que sea demasiado tarde?". No me fui y la experiencia fue una de las mejores de toda mi vida.

Recuerdo que cuando me encontraba a mitad del pasillo de fuego, me asaltaron las dudas. En ese instante sentí los picotazos de algunas chispas que habían saltado por efecto de mis propios pasos, pero seguí caminando (¡no tenía otra posibilidad!) y llegué ileso al final del recorrido.

No tengo palabras para expresar la euforia que experimentamos todos los que habíamos cumplido con el ritual. Fue maravilloso.

Aunque entonces no lo sabía, acababa de superar la Adicción al Fracaso. Les prometo que mañana les contaré cómo se consigue eso. 

Aquí les espero. No se lo pierdan.






lunes, 4 de enero de 2016

¿Es rigurosamente necesario ser inteligente para ser una persona seductora?



Por supuesto que no es necesario ser listo para mostrarse seductor. Incluso puede resultar perjudicial. Permitan que les cuente mi experiencia al respecto.

Hace tiempo un amigo me sugirió que presentase mi candidatura a miembro de un club social que pretendía congregar, con la ayuda de Internet, a las personas más inteligentes del planeta. El club era británico, evidentemente (todos necesitamos compañía, y también los ingleses, qué diablos; ¿a quiénes si no se les podía haber ocurrido el crear un personaje como Robinson Crusoe*?). 

Yo me resistía a presentarme al examen de ingreso, en primer lugar, porque no me tenía a mí mismo como inteligente, y en segundo lugar, porque para acceder al club había que desembolsar dos mil pesetas y a continuación hacer el test de entrada. En el caso de que el test demostrase que no eras tan inteligente como se exigía no te devolvían el dinero, algo que me resultaba inquietante. A pesar de todo acepté el reto.
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La prueba consistía en un test que mediría la el cociente intelectual de los candidatos (los listillos decimos cociente en lugar de coeficiente, y no nos falta razón, pero  aquí le vamos a llamar "CI" y así evitamos discusiones entre filólogos y matemáticos).

A fin de que puedan hacerse una idea del lío en el que me había metido, les diré que se estima que casi la mitad del población (un 46,25%) es acreedor de un CI comprendido dentro de una franja entre 101 y 129, lo que se tiene por "normal". Pero la franja superior, creo que entre 125 y 129, incluye a los sujetos con inteligencia "brillante", mientras que a partir de 130 tenemos a los denominados "superdotados" (el promedio de CI de los científicos estadounidenses se encuentra en 136. Al tratarse de un promedio significa necesariamente que en la lista de esos superdotados tiene que haber un buen puñado de marcianos provistos con CI´s estratosféricos). Mi objetivo era llegar a los 130 y pare usted de contar.

El caso es que al final resultó que superé el test y me dieron un "Certificado de Listo" (así lo definió mi hijo, que entonces tenía cuatro años). A partir de ese momento comencé a asistir a las reuniones de Listos que tenían lugar los primeros viernes de mes por la noche en un céntrico pub madrileño.

Y fue en esas reuniones cuando me di cuenta de que yo no era listo.


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Todo lo que ocurrió fue que aquel pub, un viernes por la noche, estaba abarrotado de público, hombre sy mujeres, deseosos de ampliar sus respectivos círculos de amistades. Al fondo de local nos encontrábamos los listos, discutiendo, reflexionando o analizando opiniones e informaciones que al resto de los mortales les parecerían solemnes estupideces.

Yo asistí a dos reuniones. En la primera de ellas tuve la impresión, en efecto, de que las conversaciones distaban bastante de resultar apasionantes.

Al mes siguiente tuvo lugar lo que para mí fue la segunda reunión, y la última. Hubo un momento en el que me abstraje de los listos y presté atención a lo que sucedía alrededor de la barra: ellos y ellas coqueteaban, reían, se hacían manitas. Algunas parejas incluso se besaban con una avidez similar a la de los camellos cuando reponen fuerzas en el pozo de un oasis tras una travesía por el Sáhara en pleno verano Ya lo dejó claro Chiquito de la calzada, con su locución "sudando más que un camello cargado de muebles". 

¡Sexo, lujuria, desenfreno! ¡Aquello era intolerable!

En consecuencia, al día siguiente me di de baja en el condenado club de listos y empecé a compartir mis simplezas con el resto del género humano, de las que todavía disfruto, afortunadamente.

Un momento... ¡a lo mejor realmente soy listo!

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* Por cierto, Daniel Defoe se inspiró en el auténtico naufragio de un marinero español, Pablo Serrano, para crear el personaje de Robinson Crusoe.