lunes, 20 de junio de 2016

No es racismo. Es ignorancia pura y dura. Pedro Sánchez.

No hay nada de racismo en lo que ha hecho este hombre. Las personas de su equipo de asesores también son responsables de esta torpeza que no afecta solamente al líder, sino  a todo el partido.

¿Por qué se frotó las manos? Porque la otra persona las tenía húmedas. ¿Por qué la otra persona las tenía húmedas? Porque su ritmo cardíaco se encontraba acelerado (¡estaba dando la mano a un líder político!). No seamos hipócritas: una experiencia como esta es una situación excepcional para la mayoría de la gente.

Es una cuestión elemental de comunicación no verbal. Diré cómo se resuelve este asunto: cuando estamos nerviosos sudan las palmas de nuestras manos (y también la frente y las axilas) por lo cual están húmedas. PERO HAY CÁMARAS DELANTE. Un asesor con un mínimo de entrenamiento tiene que haber previsto esta eventualidad. y por supuesto, advertir a su coachee de cómo solucionarla.

Fíjense bien: el líder socialista Tony Blair, al contrario de lo que sucede en esta escena, era él quien se mostraba proclive a que las manos le sudasen. Hay vídeos del líder británico descendiendo por la escalerilla de un avión al pie de la cual le aguarda algún líder de otro país (ahora no me voy a poner a buscar la escena, de modo que tienen que creerme) y se seca la mano en la parte lateral derecha de su chaqueta para que cuando establezca el contacto de su epitelio con el de el anfitrión éste no perciba humedad en la piel del británico (recuerden que los detectores de mentiras, precisamente, registran el estrés generado por la falsedad sobre la base de la humidificación de la piel, la cual aumenta la conductividad de la electricidad, entre otros registros, como la presión sanguínea o el ritmo cardíaco, que es precisamente el que genera una aumento de la temperatura en el cuerpo, y por tanto, la exudación).

El equipo de asesores no se ha ganado el sueldo en este asunto. Después vienen los lloriqueos por  lo malos que son los rivales. 

Y ya van dos.

sábado, 4 de junio de 2016

Por favor, menos e-marketing, big data & trends y más imaginación y trabajo. Gracias.

Feria del Libro de Helsinki, 1954. Un español residente, caracterizado como El Coyote (el héroe arquetípico de las novelas de José Mallorquí) mientras promociona los ocho primeros números de la colección de las novelas en Finlandia. A la izquierda, el primer ministro finlandés. El promotor repartía ejemplares del Kalifornian Sanomat ("El mensajero de California", un periódico inventado para la ocasión, editado en suomi). Entre 1953 y 1960 se vendieron dos millones de ejemplares. La población de Finlandia a mediados del siglo pasado no llegaba a los dos millones de personas, de modo que imagínense.

José Mallorquí escribió cerca de 200 novelas protagonizadas por El Coyote, aparte de innumerables obras de ciencia ficción en la modalidad Ópera Espacial, o sea, al estilo La Guerra de las Galaxias, y también románticas, del Oeste y otras. Ambientaba los escenarios valiéndose de folletos turísticos y noticias aparecidas en la prensa, tal como lo hacía Julio Verne. La imaginación consiste ene so.

Mallorquí utilizó a lo largo de su vida 49 pseudónimos y fue guionista de innumerables programas de radio. Algunas de sus novelas fueron llevadas al cine. Eran los años de los teléfonos de baquelita y las máquinas de escribir de gran tonelaje, cuando los hombres leían pulp fiction en el metro, camino de la fábrica, y al bajarse del vagón, doblaban el libro por la mitad y lo encasquetaban en el bolsillo trasero del pantalón. A la vuelta, más.

El éxito de Mallorquí, tal como lo veo, se debía en primer lugar, a que adoraba su trabajo y la gente adoraba el trabajo de Mallorquí y Europa estaba harta de guerras y Mallorquí no tenía la menor intención de ganar el Nobel y cuando los críticos lo ponían a caldo, básicamente, porque se entendía perfectamente lo que escribía (eso es algo que, por regla general, los críticos no soportan), le importaba un pimiento, y en segundo lugar, porque lo que escribía iba cargado de sentimientos de valentía, miedo y misterio en escenarios de fantasía donde al final todo el mundo se llevaba su merecido, fuese éste premio o castigo.

La muestra Antifaz está actualmente en el Matadero de Madrid. Es austera, inteligente y ejemplar. Recomendada con todas las letras.

jueves, 2 de junio de 2016

Dejemos de una vez de fingir que somos adultos.


Randy Pausch, profesor de ingeniería informática en la universidad Carnegie Mellon. Él sabía que dos meses más tarde moriría. Pero la charla no trata de la muerte, sino de la vida, y en concreto, de los sueños que tú y yo concebimos en nuestras infancias y que nos toca convertir en realidad.

Éste es el único y sagrado éxito que nos corresponde alcanzar.

En esta Última Lección de Pausch, la valiente desnudez de auténtico hombre (en el único sentido profundo y veraz de la expresión) vi confirmado el sentido real de la vida: el que cada uno de nosotros ya le atribuíamos mientras crecíamos en medio de los simulacros del éxito de los supuestos adultos, sea lo que fuere lo que la palabra éxito pretenda significar.

Dejemos de una vez de fingir que somos adultos.