jueves, 17 de mayo de 2018

La manzana de Einstein: la inteligencia "no sólo se tiene", también "se crea" si tienes sentido del humor





En la imagen, Albert Einstein y su esposa con miembros de la tribu Hopi. El sentido del humor está directamente relacionado con la inteligencia. Tras su graduación en matemáticas, un amigo le consiguió un modesto empleo en la Oficina de Patentes de Berna. El trabajo consistía en revisar la validez de los inventos que llegaban a su pupitre.

La mayoría de las personas pueden entrenar su inteligencia, excepto aquellas que evidentemente sean víctimas de una alergia crónica al trabajo. Creo que el entrenamiento de la inteligencia de Einstein se debió a la necesidad de sumergirse en el interior de las mentes de los inventores, cada uno de los cuales tenía su particular forma de pensar, circunstancia que exigía mucho más que la simple lectura y comprensión. Sin embargo, la oficina de patentes no fue ninguna desgracia; antes al contrario configuró de forma progresiva la creatividad de su cerebro. Veamos por qué:

Hasta Isaac Newton se creía que si sostienes una manzana en la mano, pero retiras la mano, la manzana caerá al suelo porque las cosas que no tienen bajo ellas un soporte "caen". Newton demostró que era la Tierra la que atraía a la manzana por efecto de la gravedad, pero murió sin llegar a explicar en qué consistía aquella misteriosa fuerza.
Doscientos cuarenta años más tarde, mientras Einstein iba en un tranvía, realizó un experimento mental: ¿qué pasaría si el tranvía se desplazase a la velocidad de la luz? El genio concluyó que el tiempo "se detendría" fuera del vehículo, pero en el interior de este los relojes seguirían funcionando correctamente (esto se le ocurrió mirando la hora en la Torre del Reloj, en el barrio antiguo de Berna). En cuanto a la demostración de la existencia de los átomos y las moléculas, le vino a la cabeza unos meses después mientras tomaba café con una amiga y disolvía en su taza un terrón de azúcar, esto es, ni más ni menos que la metáfora de eso que llamamos "materia": un ordenado amasijo de átomos. El resto de la historia ya la conocen, de modo que podemos quedarnos con estas tres observaciones:
COROLARIO 1: La rutina es demoledora. El trabajo de Einstein en Berna hubiese sido rutinario dudosamente hubiese podido llegar más lejos de ser un profesor de matemáticas: ¡solamente a una persona con un gran sentido del humor se le puede ocurrir un escenario en el que un tranvía circule a la velocidad de la luz! 
COROLARIO 2: Todo lo que necesitamos está a nuestro alrededor. La manzana de Newton estaba allí, a la vista de todo el mundo y la Torre del Reloj no la veía solamente Einstein. 
COROLARIO 3: Aristóteles se imaginó el átomo al prestar atención al polvo suspendido en el aire en una tarde de verano, Newton concibió la gravedad gracias al impacto de una manzana sobre su cabeza y Einstein justificó la existencia del espacio-tiempo durante un viaje en tranvía cuando comprobaba la hora de su reloj con el de la torre.  Inevitablemente su curso mental en aquel instante iba a desembocar en la comparación de dos mediciones de tiempo en dos espacios diferentes.

No dejemos pasar ni un solo día sin mirar a nuestro alrededor y de buscar el lado divertido de las cosas. Todo, absolutamente todo, está cargado de información. Lo único que necesitamos es la dosis suficiente de sentido del humor y algo de extravagancia para fantasear un poco de vez en cuando.


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